Reflexión sobre la muerte de Cristo y su significado para nuestra salvación.
Cuando llegó la hora sexta, se oscureció el sol sobre toda la tierra hasta la hora novena.
Y a la hora novena Jesús exclamó con fuerte voz: «Eloí, Eloí, ¿lama sabactani?» —que significa: «Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?»
Algunos de los que estaban allí, al oírlo, decían: «Miren, llama a Elías».
Uno corrió, empapó una esponja en vinagre, la puso en una caña y le dio de beber, diciendo: «Déjenlo, a ver si viene Elías a bajarlo».
Jesús, dando un fuerte grito, expiró.
El velo del santuario se rasgó en dos de arriba abajo.
El centurión que estaba frente a él vio que había expirado de esa manera, dijo: «Verdaderamente este hombre era Hijo de Dios».
También estaban allí algunas mujeres observando desde lejos, entre ellas María Magdalena, María la madre de Santiago el menor y de José, y Salomé,
que lo habían seguido y servido cuando estaba en Galilea, y muchas otras que habían subido con él a Jerusalén.
Marcos 15,33-41
Señor Jesucristo, que por amor a nosotros quisiste sufrir la muerte en la Cruz, haz que nunca olvide el precio con que fui redimido.
Que tu muerte sea mi esperanza, tu sepulcro mi refugio y tu resurrección mi vida.
Amén.
