Oración a la Virgen: Seguro refugio de los pecadores

Publicado el 17 de mayo de 2026

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Indulgencias:

  • 100 días, una vez al día.
  • Plenaria, una vez al mes, el último día del mes o dentro de los ocho días siguientes, con las debidas condiciones.
León XII, 30 de enero de 1828.

Virgen Madre de Dios, Santísima María, seguro refugio de los pecadores: A Ti, que eres después de Dios nuestra esperanza y consuelo en este destierro, acudo con sincera confianza, aunque del todo indigno de tu amparo. Bien sé cuánto necesito convertirme de todo corazón; mas la gravedad de mis culpas me llena de pavor.

A Ti, pues, me encomiendo, a Ti que eres nuestra soberana Mediadora ante tu amado Hijo Jesús, como Él lo es ante su eterno Padre. A Ti, después de Jesús, debo volver la mirada para mi enmienda. Dignaos, pues, oh Madre de misericordia, obtenerme la gracia de una verdadera y perseverante conversión. Deseo mudarme por completo; en esto soy sincero; mas mis malos hábitos, el abuso que he hecho de tantas inspiraciones divinas, la multitud y gravedad de mis pecados, y los lazos con que el mundo me aprisionan hacen ardua mi enmienda y reclaman tu especial auxilio. Concédemelo a pesar de mi indignidad. En Ti confío; no me rechaces.

Aunque merecedor de eterno castigo, me postro a tus pies, arrepentido y contrito. Mis pecados, lo confieso, me han despojado de la fuerza que concede la gracia, me han excluido del número de los hijos adoptivos de Dios, me han privado del derecho a la felicidad eterna y han atraído sobre mí la ira del cielo. Dime qué debo obrar para recobrar la amistad de tu Hijo Jesús. Ruégale, por su Preciosísima Sangre, por su amarga Pasión y su muerte en la Cruz, que perdone mis ofensas, y Él me perdonará. Manifiéstese tu anhelo de mi salvación, y Él me salvará.

Mas como aún puedo caer en el pecado y perder la vida de la gracia en medio de los peligros que me cercan, vela continuamente sobre mí, y ciertamente triunfaré de mis enemigos, que sin cesar laboran por mi perdición. Infunde en mi corazón una fe viva, una esperanza firme, una caridad ardiente y todas las virtudes propias de mi estado; y alcánzame la perseverancia en el bien y la constancia final. En fin, sé mi amorosa Madre en la tierra y mi abogada en la hora de la muerte, para que yo sea contado entre aquellos a quienes tu divino Hijo dirá: «Venid, benditos de mi Padre, poseed el reino preparado para vosotros desde el principio del mundo». Amén.

Anagrama

Colofón
Y si al lector este trabajo le ha podido ayudar, le rogamos un Avemaría por nuestras almas rezar.