El papa León XIII concedió el 10 de marzo de 1900, 300 días de indulgencia a esta oración, en un momento de la historia, marcado por los fuertes ataques contra la Iglesia, el avance del secularismo y la pérdida de los Estados Pontificios. Su lenguaje refleja el espíritu católico de finales del siglo XIX: amor filial a la Virgen, fidelidad al Papa, defensa de la fe y preocupación por la juventud y la salvación de las almas.
La oración está profundamente influida por la espiritualidad de San Juan Bosco y la devoción salesiana a María Auxiliadora como protectora de la Iglesia y auxilio de los cristianos en tiempos difíciles.
Indulgencias:
- 300 días, T.Q.
Oh santísima e Inmaculada VIRGEN MARÍA, dulcísima Madre nuestra y poderosa Auxiliadora de los Cristianos, nos consagramos enteramente a tu suavísimo amor y a tu santo servicio.
Consagramos nuestras mentes con todos sus pensamientos, nuestros corazones con todos sus afectos, nuestros cuerpos con todos sus sentidos y potencias, y prometemos desear siempre obrar para mayor gloria de DIOS y para la salvación de las almas.
Mientras tanto, tú, oh incomparable VIRGEN, que siempre has sido Auxilio del pueblo cristiano, continúa mostrándote tal, especialmente en estos días. Humilla a los enemigos de nuestra santa religión y frustra sus perversos designios.
Ilumina y fortalece a los obispos y sacerdotes, y mantenlos siempre unidos en obediencia al Papa, su maestro infalible. Preserva a la juventud incauta de la irreligión y del vicio.
Promueve las santas vocaciones y aumenta el número de tus sagrados ministros, para que por medio de ellos el Reino de JESUCRISTO se conserve entre nosotros y se extienda hasta los últimos confines de la tierra.
Te pedimos también, dulcísima Madre, que mires en todo tiempo con compasión a los jóvenes y a los imprudentes, expuestos a tantos peligros, y a los pobres pecadores y moribundos; sé para todos dulce esperanza, oh MARÍA, Madre de misericordia y Puerta del Cielo.
También te rogamos por nosotros, oh gran Madre de DIOS. Enséñanos a imitar tus virtudes, especialmente la modestia angélica, la profunda humildad y la ardiente caridad; para que, de palabra y de obra, presentemos en medio del mundo, en la medida de nuestro estado, una imagen viva de tu Hijo JESÚS, y hagamos que seas conocida y amada, logrando así la salvación de muchas almas.
Alcánzanos, oh MARÍA Auxiliadora, que estemos todos reunidos bajo tu maternal manto; que en la tentación te invoquemos pronta y confiadamente; y que el pensamiento de ti, tan buena, tan amorosa y tan querida, y el recuerdo del amor que tienes a tus siervos, sea tal apoyo para nosotros, que nos haga vencedores de los enemigos de nuestras almas en la vida y en la muerte, para que lleguemos a ser tu corona en la hermosa gloria del Paraíso. Amén.
![]()