¡Oh Reina del Santísimo Rosario! Vos, que en estos tiempos, en que la impiedad reina insolente, os manifestáis a nuestras miradas con las insignias gloriosas de la victoria, desde lo alto de los cielos donde estáis sentada cual Dispensadora de gracia y de perdón, echad una mirada de compasión sobre la Iglesia de vuestro Divino Hijo, así como sobre su Vicario y demás representantes en la tierra; en fin, sobre todas las Órdenes regulares y seculares sujetas a tantas y tan duras pruebas.
Haced, ¡oh poderosa Vencedora del error!, haced que llegue pronto la hora de la misericordia, a pesar de nuestros pecados, los que cada día anticipan la hora de la justicia.
Y yo que soy el más miserable de todos, arrodillado a vuestros pies, os pido las gracias necesarias para vivir santamente en este mundo y reinar un día con los Santos en el Cielo, después de haberos saludado exclamando con todos los fieles de la tierra: «¡Oh Reina del Santísimo Rosario, rogad por nosotros!».
PAPA LEÓN XIII, 8 de Julio de 1886.