Adoracion eucaristica santisimo

Oración de reparación en la noche del Jueves Santo

Publicado el 2 de abril de 2026

Archivado en: Oraciones, Reparación, Semana Santa

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Oración de reparación para acompañar a Jesús en el Santísimo Sacramento.

Oh Jesús sacramentado, verdaderamente presente en el augusto Sacramento del altar, te adoro con profunda reverencia y te ofrezco mi compañía en esta hora de abandono.

Quiero reparar, en cuanto me sea posible, la ingratitud, las irreverencias y los olvidos con que eres ofendido en este divino misterio de amor.

Amén.


Señor Jesús, un beso fue el sello de la traición del apóstol. Un beso cobarde de quien jamás, ni siquiera al final, fue capaz de enfrentarse abiertamente a Vos. Un beso más amargo que las injurias de los que, con palos y espadas, salieron de noche a prenderos.

Vos sabéis, Señor, que yo os quiero con sinceridad. Pero Vos me sondéais y me conocéis perfectamente. No se os oculta el que, debajo de mis gestos y acciones más superficiales, se oculta un repliegue egoísta que os niega y os traiciona. Incluso cuando parece que os busco de verdad, es a mí a quien busco incansablemente.

Por la contemplación de Vuestro prendimiento, concededme el don del desprendimiento más absoluto de mí mismo. Purificad cuanto hay en el fondo de mi alma que os desagrade.

Que con la ayuda de Vuestra gracias, pueda yo deciros con todo el corazón que os quiero, y quedarme reposando en Vuestro Corazón sin escuchar esa dulce queja: —¡Si me amarais de verdad…!

Yo me esforzaré con mayor empeño, a partir de ahora, por superar mis miedos, mis complejos, mis depresiones. No quiero volver a huir jamás en el momento de la prueba, dejándoos solo.

Espíritu Santo consolador, que guías mi oración y me enseñas a pedir lo que conviene: dadme vuestros siete dones, y en especial el de la fortaleza. Que éste me ayude a permanecer firme en medio de las pruebas más duras, con la certeza de que, si Cristo está conmigo, ¿quién será capaz de separarme de su amor?

También en las pruebas más vulgares: en ese deber cotidiano que me fatiga y aburre; en el malestar físico que me aflige e impacienta; en el respeto humano que me atenaza y me impide ser testigo valiente del Señor; en el trato con las personas que no me son agradables…

Espíritu divino, que por amor esté dispuesto a emplear violencia conmigo mismo, pero jamás contra mi prójimo. Y que el canto del gallo me encuentre, ya compungido, velando en oración junto a mi Maestro. Amén.

 

Cordero de Dios

Colofón
Y si al lector este trabajo le ha podido ayudar, le rogamos un Avemaría por nuestras almas rezar.