Oración del descendimiento del cuerpo de Cristo

Oración del descendimiento del cuerpo de Cristo

Publicado el 3 de abril de 2026

Archivado en: Oraciones, Semana Santa

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Contemplación del cuerpo de Jesús recibido en los brazos de su Madre tras la crucifixión.

Después de esto, José de Arimatea, que era discípulo de Jesús, aunque en secreto por miedo a los judíos, pidió a Pilato autorización para retirar el cuerpo de Jesús. Pilato se lo concedió.

Fueron, pues, y retiraron su cuerpo. Fue también Nicodemo — aquel que anteriormente había ido a verle de noche— con una mezcla de mirra y áloe de unas cien libras. Tomaron el cuerpo de Jesús y lo envolvieron en vendas con los aromas, conforme a la costumbre judía de sepultar».
(Jn 19,38-40)

Mi buen Jesús, siento una sana envidia de José de Arimatea y de Nicodemo. Ellos pudieron abrazar Vuestro cuerpo y llevarlo en brazos. Lo limpiaron de la sangre que lo cubría por completo. Quitaron de Vuestra cabeza la corona, y de Vuestros pies y manos los clavos. Lo entregaron a Vuestra Santísima Madre, y volvieron a recibirlo de ella para ungirlo, mereciendo su bendición y gratitud por la buena obra que realizaban. Su falta de ánimo de un principio ha desaparecido; su cobardía se ha transformado en audaz testimonio. Tanto os movió Vuestra Pasión y muerte.

Señor, viéndoles yo siento renacer mis fuerzas. Ellos no pensaron que ya fuera «demasiado tarde» para serviros. Al final se comprometieron públicamente con Vos, cuando debía resultar más difícil. Por eso yo no quiero desesperar de aprovechar en Vuestro servicio, aunque sea hoy tibio y lleno de respetos humanos. Con Vuestra gracia, en la escuela de la Pasión, yo aprenderé a ser fuerte y generoso en Vuestro seguimiento.

Madre Dolorosa, que sostenéis en Vuestro regazo a Jesús muerto, con el mismo amor con que lo sostenían cuando era niño. Sostenedme en mis desfallecimientos y titubeos. Vos lo presentasteis a su Padre, en el Templo, hace muchos años, llena de alegría. Ahora se lo volvéis a presentar, sin vida, cuando Vuestra alma está atravesada, con los mismos sentimientos de ofrenda, con el mismo deseo de cumplir su voluntad.

¡Dichosa Vos, Virgen María, cuya fe fue superior a la de todos los justos! Porque por Vuestra obediencia y amor os habéis hecho digna de ser asociada para siempre a los méritos de la Pasión de Jesús. Místicamente habéis sido crucificada con él, y si vivís todavía después de tan atroces dolores, es porque él quiere que seáis la Madre de la Iglesia naciente, mi Madre.

Enseñadme a sufrir con paciencia las contradicciones y la soledad. Enseñadme a amar la penitencia voluntaria con que pueda expiar mis pecados y los del mundo; con que pueda asociarme, también yo, a la gran obra de la Redención.

Y después de este destierro, mostradnos al fruto bendito de Vuestro vientre, Jesús.

Amén.

Cordero de Dios

Colofón
Y si al lector este trabajo le ha podido ayudar, le rogamos un Avemaría por nuestras almas rezar.