Reflexión para meditar la oración de Jesús en el huerto antes de la Pasión.
Fueron al huerto de olivos llamado Getsemaní, y Jesús dijo: «Siéntense aquí mientras yo voy a orar». Se llevó a Pedro, a Santiago y a Juan y comenzó a afligirse y angustiarse profundamente. Les dijo: «Mi alma está destrozada de tanta tristeza, hasta el punto de la muerte. Quédense aquí y velen conmigo». Se adelantó un poco más y cayó en tierra. Pidió en oración que, si fuera posible, pasara de él la horrible hora que le esperaba. «Abba, Padre —clamó—, todo es posible para ti. Te pido que quites esta copa de sufrimiento de mí. Sin embargo, quiero que se haga tu voluntad, no la mía».
Marcos 14,32-36
¡Oh Jesús, que en el exceso de Vuestro amor para conquistar los corazones, dais abundantes gracias a quienes meditan en Vuestra santa Pasión en Getsemaní! Os suplico que conduzcáis mi corazón y mi alma a pensar a menudo en la más amarga agonía que padecisteis en el Huerto, a compadeceros y a unirme con Vos plenamente.
¡Oh Jesús santísimo, que durante aquella noche llevasteis el peso de todos nuestros pecados y los pagasteis! Os ruego que me concedáis el gran don de la contrición por mis muchos pecados que os hicieron sudar sangre.
¡Jesús santísimo, por virtud de la terrible lucha que padecisteis en Getsemaní, dadme el poder de la victoria completa y definitiva en las tentaciones que me acechan, especialmente en aquellas a las cuales soy más frecuentemente sujeto!
¡Oh Jesús mío, por virtud de las angustias, temores y del dolor desconocido pero intensísimo que padecisteis en la noche en que fuisteis traicionado, dadme la luz para seguir Vuestra santísima voluntad y para que piense en el esfuerzo enorme y la lucha formidable que vencisteis gloriosamente en el cumplimiento, no de Vuestra voluntad, sino de la voluntad del Padre!
¡Gloria a Vos, oh Jesús, por la agonía y las lágrimas derramadas durante la Noche Santa, por el sudor de sangre y la angustia mortal que sufriste, por aquella soledad más espantosa que el hombre puede imaginar!
¡Gloria a Vos, Jesús dulcísimo pero infinitamente doloroso, por la oración a un tiempo humana y divina que brotó de Vuestro corazón agonizante durante aquella noche de ingratitud y de traición!
¡Padre Eterno, Os ofrezco todas las Santas Misas de este momento, del pasado y del futuro, unidas a Jesús en agonía en el Huerto de los Olivos!
¡Oh Santísima Trinidad, haced que el conocimiento y el amor de la Sagrada Pasión de Getsemaní se difunda por todo el mundo!
Y, oh Jesús mío, que aquellos que os aman y contemplan el crucifijo recuerden Vuestro dolor increíble en el Huerto, y que sigan Vuestro ejemplo, aprendan a orar bien, a luchar y a vencer para que puedan eternamente glorificaros en el cielo. Amén.
