Indulgencias:
- 300 días, una vez al día.
- Plenaria, una vez al mes, con las debidas condiciones.
Oración para el Lunes
ORACIÓN PARA EL LUNES.
Santísima María, Reina del cielo, yo que una vez fui esclavo del Maligno, me consagro ahora para siempre a tu servicio; y me ofrezco para honrarte y servirte mientras viva. Recíbeme por tu siervo, y no me rechaces como merezco.
En Ti, oh Madre mía, pongo toda mi esperanza. Toda bendición y acción de gracias sea dada a Dios, que en su misericordia me concede esta confianza en Ti.
Es verdad que en el pasado he caído miserablemente en el pecado; pero por los méritos de Jesucristo y por tus oraciones, espero que Dios me ha perdonado. Pero esto no basta, Madre mía.
Un pensamiento me llena de temor: que aún pueda perder la gracia de Dios. El peligro está siempre cercano; el demonio no duerme; nuevas tentaciones me asaltan.
Protégeme, pues, Reina mía; ayúdame contra los ataques de mi enemigo espiritual. No permitas jamás que vuelva a pecar ni a ofender a Jesús, tu Hijo.
No permitas que por el pecado pierda mi alma, el cielo y a mi Dios. Esta sola gracia, María, te pido; este es mi deseo; esto obtengan para mí tus oraciones. Tal es mi esperanza. Amén. Ave María tres veces.
Oración para el Martes
ORACIÓN PARA EL MARTES.
Santísima María, Madre de bondad, Madre de misericordia, cuando considero mis pecados y el momento de mi muerte, tiemblo y me lleno de confusión.
Oh dulcísima Madre mía, en la Sangre de Jesús y en tu intercesión están mis esperanzas. Consoladora de los afligidos, no me abandones en aquella hora; no dejes de consolarme en aquella angustia.
Si ya ahora estoy tan atormentado por el remordimiento de los pecados cometidos, por la incertidumbre del perdón, por el peligro de recaer y por la severidad del Juicio, ¿qué será entonces de mí? Oh Madre mía, antes que me sorprenda la muerte, alcánzame un gran dolor de mis pecados, una verdadera enmienda y fidelidad constante a Dios por el resto de mi vida. Y cuando llegue mi hora, entonces, oh María, esperanza mía, sé Tú mi auxilio en aquellas grandes angustias que rodearán mi alma.
Fortaléceme, para que no desespere cuando el enemigo me ponga ante los ojos mis pecados. Alcánzame en aquel momento la gracia de invocarte con frecuencia, para que con tu dulcísimo nombre y el de tu santísimo Hijo en los labios, entregue mi espíritu. Esta gracia la has concedido a muchos de tus siervos; esta es también mi esperanza y mi deseo. Ave María tres veces.
Oración para el Miércoles
ORACIÓN PARA EL MIÉRCOLES.
Madre de Dios, Santísima María, ¡cuántas veces por mis pecados he merecido el infierno! Ya hace tiempo quizá se habría pronunciado la sentencia contra mi primer pecado mortal, si Tú, en tu tierna piedad, no hubieras retardado la justicia de Dios, y después me hubieras atraído con tu dulzura a confiar en tus oraciones.
¡Y cuántas veces habría caído en los peligros que me rodean si Tú, Madre amorosa, no me hubieras preservado con las gracias que por tus oraciones me alcanzaste! Pero, oh Reina mía, ¿de qué me servirá tu piedad y tus favores si al fin me pierdo en las llamas del infierno? Si hubo un tiempo en que no te amé, ahora, después de Dios, te amo sobre todas las cosas. Por tanto, desde ahora y para siempre, no permitas que me aparte de Ti ni de mi Dios, que por Ti me ha concedido tantas misericordias.
Oh Señora dignísima de todo amor, no permitas que yo, tu hijo, llegue a odiarte y maldecirte para siempre en el infierno. Tú no podrás sufrir ver perderse a tu siervo que te ama. Oh María, no digas que puedo perderme; sin duda me perderé si te abandono. Pero, ¿quién podrá jamás dejarte? ¿Quién podrá olvidar tu amor? No, es imposible que perezca quien fielmente se encomienda a Ti y a Ti recurre. No me dejes, Madre mía, en mis propias manos, pues estoy perdido. Déjame solamente asirme a Ti. Sálvame, esperanza mía; sálvame del infierno; o mejor, sálvame del pecado, que es lo único que puede condenarme. Ave María tres veces.
Oración para el Jueves
ORACIÓN PARA EL JUEVES.
Reina del cielo, que estás entronizada sobre todos los coros de los ángeles, más cercana a Dios, desde este valle de miserias yo, pobre pecador, te digo: Dios te salve, María, suplicándote que en tu amor vuelvas hacia mí esos tus ojos misericordiosos.
Mira, Señora, los peligros en que vivo y en los que habré de vivir mientras esté en esta tierra. Aún puedo perder mi alma, el Paraíso y a Dios.
En Ti, Señora, está mi esperanza. Te amo y suspiro por el tiempo en que pueda verte y alabarte en el Paraíso. Oh María, ¿cuándo llegará el feliz día en que me vea seguro a tus pies? ¿Cuándo besaré esa mano que tantas gracias me ha dispensado?
Es verdad, Madre mía, que durante toda mi vida he sido muy ingrato; pero si llego al cielo, allí te amaré por toda la eternidad y, de algún modo, repararé mi ingratitud bendiciéndote y alabándote sin cesar.
Doy gracias a Dios, que me ha concedido esta esperanza por la Preciosa Sangre de Jesús y por tu poderosa intercesión. Esta ha sido la esperanza de todos tus verdaderos devotos, y ninguno ha quedado defraudado. No, tampoco yo lo seré. Oh María, ruega a tu Hijo Jesús, como yo también le ruego, por los méritos de su Pasión, que fortalezca y aumente esta esperanza. Amén. Ave María tres veces.
Oración para el Viernes
ORACIÓN PARA EL VIERNES.
Oh María, Tú eres la criatura más noble, más elevada, más pura, más hermosa y más santa de todas las criaturas.
¡Oh, si todos los hombres te conocieran y te amaran como mereces ser amada, Reina mía! Pero grande es mi consuelo, María, al saber que hay almas bienaventuradas en el cielo y almas justas en la tierra, cuyos corazones tienes cautivos con tu belleza y tu bondad. Mas sobre todo me alegra saber que nuestro Dios mismo te ama más que a todos los hombres y ángeles juntos. Yo también, oh amabilísima Reina, yo, miserable pecador, me atrevo a amarte; aunque mi amor es muy pequeño, quisiera tener un amor mayor y más tierno; esto has de alcanzármelo Tú, pues amarte es señal de predestinación y gracia que Dios concede a los que han de salvarse. Además, Madre mía, al considerar la deuda que tengo con tu Hijo, veo que Él merece de mí un amor sin medida. Tú, que no deseas otra cosa sino verle amado, ruega para que yo obtenga esta gracia: un gran amor a Jesucristo. Alcánzala Tú, que todo lo alcanzas.
No deseo bienes de la tierra, ni honores, ni riquezas, sino aquello que más desea tu Corazón: amar a mi Dios solamente. ¿Será posible que no me ayudes en un deseo tan conforme al tuyo?
No, es imposible. Ya siento tu auxilio; ya ruegas por mí. Ruega por mí, María, ruega, y no ceses de rogar hasta que me veas seguro en el Paraíso, donde estaré cierto de poseer y amar a mi Dios y a Ti, Madre mía queridísima, por los siglos de los siglos. Amén. Ave María tres veces.
Oración para el Sábado
ORACIÓN PARA EL SÁBADO.
Santísima María, conozco las gracias que me has alcanzado y conozco la ingratitud con que te he correspondido. El ingrato no es digno de favores, y sin embargo no quiero desconfiar de tu misericordia.
Oh gran Abogada mía, ten piedad de mí. Tú, María, eres la dispensadora de todas las gracias que Dios se digna conceder a nosotros pecadores, y por eso te hizo tan poderosa, tan rica y tan benigna, para que nos socorras.
Quiero salvarme: en tus manos pongo mi salvación eterna, a Ti encomiendo mi alma. Quiero ser contado entre tus siervos más fieles: no me rechaces. Tú vas en busca de los miserables para consolarlos; no rechaces, pues, a un miserable pecador que a Ti recurre. Habla por mí, María; tu Hijo concede lo que Tú le pides.
Tómame bajo tu amparo, y me basta; pues con tu protección nada temo: ni mis pecados, porque Tú alcanzarás de Dios el perdón; ni los espíritus malignos, porque Tú eres más poderosa que el infierno; ni mi Juez Jesucristo, porque a tu ruego depondrá su ira. Protégeme, pues, Madre mía; alcánzame el perdón de mis pecados, el amor de Jesús, la perseverancia final, una buena muerte y el cielo.
Es verdad que no merezco estas gracias; pero pídelas Tú a Dios y las obtendré. Ruega, pues, a Jesús por mí. María, Reina mía, en Ti confío; en esta confianza descanso, vivo, y con esta confianza quiero morir. Amén. Ave María tres veces.
Oración para el Domingo
ORACIÓN PARA EL DOMINGO.
Madre de mi Dios, mira a un pobre pecador que recurre a Ti y pone en Ti su confianza. No soy digno de que siquiera vuelvas tus ojos hacia mí; pero sé que Tú, viendo a Jesús, tu Hijo, morir por los pecadores, deseas ardientemente salvarlos.
Oh Madre de misericordia, mira mis miserias y ten piedad de mí. Dicen los hombres que Tú eres el refugio del pecador, la esperanza de los desesperados, el auxilio de los perdidos; sé, pues, mi refugio, esperanza y auxilio. Tus oraciones han de salvarme. Por el amor de Jesucristo sé Tú mi ayuda; extiende tu mano al pobre pecador caído que a Ti se encomienda. Sé que es tu gozo socorrer al pecador cuando puedes; ayúdame ahora, Tú que puedes ayudar. Por mis pecados he perdido la gracia de Dios y mi propia alma. Me pongo en tus manos; oh, dime lo que debo hacer para recobrar la gracia de Dios, y lo haré.
Mi Salvador me manda acudir a Ti; quiere que recurra a tu piedad; para que así, no sólo los méritos de tu Hijo, sino también tus oraciones, se unan para salvarme. A Ti, pues, recurro: ruega a Jesús por mí, y hazme experimentar cuán grande bien puedes hacer a quien confía en Ti. Hágase en mí según mi esperanza. Amén.
Luego se dicen tres Avemarías a la Santísima Virgen María, en reparación de las blasfemias proferidas contra Ella.
