Prevost dice a los no católicos: “¿¡Ya somos una!?”

Prevost dice a los no católicos: “¿¡Ya somos una!?”

Publicado el 15 de febrero de 2026

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En la solemne ceremonia de Vísperas que tuvo lugar el 25 de enero de 2026 en la Basílica de San Pablo Extramuros, Francis Prevost (León XIV) pronunció una homilía dirigida a los representantes de sectas heréticas presentes en dicho acto. La ocasión fue el cierre de la Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos, del 18 al 25 de enero.

El punto central de la homilía fue cuando Prevost, dirigiéndose a los presentes, dijo:

«¡Somos uno! ¡Ya lo somos! Reconozcámoslo, experimentémoslo y hagámoslo visible.»

El contexto de estas palabras se encuentra en el párrafo en el que el Papa cita su anterior Carta Apostólica «In Unitate Fidei», emitida hace dos meses:

 “En el pasaje de la Carta a los Efesios elegido como tema para la Semana de Oración de este año, escuchamos repetidamente el adjetivo ‘uno’: un solo cuerpo, un solo Espíritu, una sola esperanza, un solo Señor, una sola fe, un solo bautismo, un solo Dios (cf. Ef 4,4-6). Queridos hermanos y hermanas, ¿cómo no tocarían profundamente estas palabras inspiradas nuestros corazones? ¿Cómo no arderían nuestros corazones al escucharlas? Sí, ‘compartimos la misma fe en el único Dios verdadero, Padre de todos los hombres; confesamos juntos al único Señor y verdadero Hijo de Dios, Jesucristo, y al único Espíritu Santo, que nos inspira e impulsa hacia la plena unidad y el testimonio común del Evangelio’ (Carta Apostólica *In Unitate Fidei*, 23 de noviembre de 2025, 12). ¡Somos uno! ¡Ya lo somos! Reconozcámoslo, experimentémoslo y hagámoslo visible.»

Estas palabras nos llevan a emitir un comentario: dado que las sectas heréticas cuyos representantes estuvieron presentes en esa ceremonia tienen diversos errores doctrinales que llevaron a la Iglesia Católica a declararlas separadas de la verdadera fe, y dado que ninguna de ellas ha cambiado sus doctrinas para aceptar la fe católica, las palabras de Prevost (León XIV) no solo son erróneas, sino también problemáticas.

Pretender que los pocos puntos que estas sectas heréticas tienen en común con la Iglesia Católica —creencia en Dios, en la Trinidad y en Jesucristo— hacen que la Iglesia sea una con ellas, es tan absurdo como pretender que la Iglesia Católica es una con el diablo, quien también cree en esos mismos puntos.

Lo mas lamentable es que para que esta «unión» de hecho tenga lugar, es necesario que la Iglesia ceda en temas como la procesión de las Personas de la Trinidad, las dos naturalezas de Cristo, la transubstanciación en la Eucaristía, el papel de María como Madre de Dios, co redentora  y mediadora de todas las gracias, el papado petrino y muchos otros, colocando a la Iglesia católica a la par de paganos, judíos y musulmanes, quienes niegan abiertamente esos fundamentos.


La posición de la Iglesia antes del Concilio Vaticano II

Pero es correcto esto? Qué nos dicen los documentos oficiales emitidos por la Iglesia antes del Concilio Vaticano II?

Su santidad Pío XI, en la encíclica Mortalium Animos (1928), encíclica acerca de como se ha de fomentar la verdadera unidad religiosa, nos advierte que es completamente contrario a la verdad católica, y muy peligroso para la salvación de las almas, enseñar que todos los cristianos ya son uno mientras persistan en errores y herejías.

«Tan fundados están en la falsa opinión de los que piensan que todas las religiones son, con poca diferencia, buenas y laudables… Cuantos sustentan esta opinión, no sólo yerran y se engañan, sino también rechazan la verdadera religión, adulterando su concepto esencial, y poco a poco vienen a parar al naturalismo y ateísmo; de donde claramente se sigue que, cuantos se adhieren a tales opiniones y tentativas, se apartan totalmente de la religión revelada por Dios.» (Punto 3)

La unidad no puede lograrse ignorando la verdad, ni asentando que basta con un acuerdo superficial en ciertas creencias. El Papa analiza un movimiento creciente en su época que buscaba unir a todas las iglesias cristianas bajo una «fraternidad universal». Pío XI advierte que este deseo, aunque parezca noble a simple vista, es peligroso porque parte de una base falsa: creer que todas las religiones son «más o menos buenas».

«¿Habrá podido hacerse tan obscura e incierta la doctrina de la Fe, que sea hoy conveniente tolerar en ella hasta las opiniones contrarias entre sí? Si esto fuese verdad, habría que decir también que el Espíritu Santo infundido en los apóstoles… y hasta la misma predicación de Jesucristo, habría perdido hace muchos siglos toda utilidad y eficacia; afirmación que sería ciertamente blasfema.» (Punto 11).

Luego del Concilio Vaticano II, resulta innegable para cualquier católico bien formado, que los cambios radicales introducidos en la Iglesia, a todo nivel, han tenido como denominador común, un allanamiento de sus enseñanzas bi milenarias en pro del mal llamado «ecumenismo». Dicha aproximación se ha ido convirtiendo, cada vez más en una apertura acrítica basada en un irreal y absurdo complejo de inferioridad, en el que la Iglesia se ha visto forzada a ceder, incluso frente a sus enemigos, para transformarse finalmente y ante los ojos del mundo entero en una institución que pone por delante los preceptos mundanos a los del Dios eterno.  Que la Santísima Virgen María, vencedora de todas las herejías, asista al pueblo fiel en este tiempo de tinieblas.

Cordero de Dios

Colofón
Y si al lector este trabajo le ha podido ayudar, le rogamos un Avemaría por nuestras almas rezar.

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