Primer Domingo de Cuaresma


Primer Domingo de Cuaresma

Primer Domingo de Cuaresma

Jesús quiso ser tentado para demostrarnos que también nosotros seremos tentados, y enseñarnos como hemos de portarnos en las tentaciones. Todo en la misa respira confianza en Dios y todo nos inculca la necesidad de acudir a Él. Saquemos de todo esto un firme propósito de santificar este santo tiempo de Cuaresma y de no imitar a aquellos cristianos que durante este tiempo se entregan a las mismas diversiones y pasatiempos, sin preocuparse en penetrar el sentido altamente espiritual de la Santa Iglesia.

Empieza con este domingo de una manera más solemne el tiempo cuaresmal. Los cuatro días anteriores fueron agregados por San Gregorio en el siglo VI a fin de completar el número de 40.

La «tentación» parece ser la palabra clave que unifica las lecturas de este primer domingo de Cuaresma. Sin embargo no es la única palabra. Junto a ella deberíamos colocar otra muy importante: «combate espiritual» y derrota de la tentación. En este sentido es el evangelio el que nos ofrece el tema central: Jesucristo es tentado en el desierto y vence la tentación.  Muy distinto de Adán que sucumbe ante el tentador en los albores de la humanidad.

Así como por un sólo hombre entra el pecado y la muerte en el mundo, por un solo hombre, Jesucristo, Verbo encarnado, entra la gracia y la benevolencia de Dios. La tentación vencida en Cristo con la ayuda de la gracia es fuente de crecimiento espiritual y felicidad verdadera.

EVANGELIO
(San Mateo, IV, 1-11):

En aquel tiempo, Jesús fue conducido al desierto por el Espíritu, para que fuese tentado por el diablo. Ayunó cuarenta días y cuarenta noches, después de lo cual tuvo hambre.

Entonces el tentador se aproximó y le dijo: Si eres el Hijo de Dios, manda que estas piedras se vuelvan panes. Mas Él replicó y dijo: Está escrito: “No sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios”.

Entonces lo llevó el diablo a la Ciudad Santa y lo puso sobre el pináculo del Templo; y le dijo: Si eres el Hijo de Dios, échate de aquí abajo, porque está escrito: “Él dará órdenes a sus Ángeles acerca de Ti, y te llevarán en sus manos, para que no tropiece tu pie contra alguna piedra”. Le respondió Jesús: También está escrito: “No tentarás al Señor tu Dios”.

De nuevo le llevó el diablo a una montaña muy alta, y mostrándole todos los reinos del mundo y su gloria, le dijo: Yo te daré todo esto si postrándote me adoras. Entonces Jesús le dijo: Vete de aquí, Satanás, porque está escrito: “Adorarás al Señor tu Dios, y a Él sólo servirás”. Le dejó entonces el diablo; y he aquí que los Ángeles se acercaron para servirle.