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Promesas y Profecías de Nuestra Señora en Fátima – Parte I

Publicado el 4 de octubre de 2017

Actualizado el 22 de abril de 2025

Archivado en: Artículos, Fátima

16 Minutos de lectura

Artículo aparecido originalmente en la revista CRUSADE Magazine, edición Mayo/Junio del 2017, compilación y adaptación de Luiz Solimeo de la obra: «Un mensaje más que urgente» de Albert Sakda y David Meesang.
Adaptado y traducido al castellano por Proyecto Emaús.

Parte I | Parte II

Era la noche del 12 de Julio de 1917 y la pequeña Lucía, totalmente extenuada, tanto física como emocionalmente, se acababa de acostar en su pequeña cama.
Sin embargo, a pesar de estar tan agotada, no podía encontrar reposo pues era incapaz de comprender completamente, los acontecimientos de los meses previos.

Ella y sus primos Jacinta y Francisco, habían visto a una hermosa Señora, dos veces ya, en la Cova de Iria. Cuando Lucía le pregunta a la aparición, de donde había venido, la Señora, señalando hacia arriba, respondió:”Yo soy del Cielo”.

Sin embargo, en breve, la duda asaltaría la mente de la pequeña niña. Aquel mismo día, Fray Manuel Marques Ferreira, el párroco de la pequeña iglesia local, había sugerido la hipótesis de que las “supuestas” apariciones de la Virgen María, no eran nada más y nada menos que trucos del demonio. Así se lo hizo saber a la madre de Lucía.
Después de todo el párroco no exageraba. Basta con recordar la advertencia de san Pablo en 2 Corintios 11-14 : “Y no hay que maravillarse pues hasta Satán puede disfrazarse de ángel de luz para engañar al hombre”.
Lucía se estremeció al considerar tal posibilidad. Ahora la duda merodeaba su pequeña cabeza: “¿Y que tal si se trataba verdaderamente del demonio disfrazado?”

Que sufrimiento tan atroz! Por un lado, Lucía sentía una irresistible atracción por la bondad, hermosura, candor y contrastante seriedad de aquella Bella Dama; sus palabras tan llenas de sabiduría y tan conmovedoras. Y por el otro, un pensamiento cruel: ¿Estaría siendo engañada por el demonio?

La ansiedad de Lucía iba en aumento, al punto de llegar a decirles a Jacinta y a Francisco, que no visitaría más la Cova de Iria y que si ellos querían seguir yendo, tendrían que hacerlo por su propia cuenta. Esto desconcertó a la vez que entristeció a sus primos, quienes ahora se preguntaban: ¿Que acaso no sería un pecado el desobedecer a la hermosa Señora, la que explícitamente les había pedido visitar el lugar cada 13 de mes?

Muy por el contrario, para Francisco y Jacinta, no cabía la menor duda de que fue la Santísima Virgen María quien se les apareció. Jacinta estaba especialmente segura, después de todo, la Señora había dicho que venía del Cielo.

Luego de intentar persuadir a Lucía en vano, los dos primos finalmente se despiden prometiendo rezar por ella. Bien pronto tuvieron efecto aquellas oraciones sobre la cansada alma de Lucía, pues cuando el 13 de Julio amaneció, se levantó y vistió velozmente sintiendo grandes deseos de correr a la casa de sus primos.

Cuando Lucía llegó, encontró a Jacinta y Francisco arrodillados al borde de sus camas, rezando. Llena de júbilo se limitó a exclamar: ¡Vamos rápido!” y así, los tres llenos de inmensa alegría, fueron al encuentro con la Señora del Cielo.

Una cita con Nuestra Señora del Rosario

Lucía describe lo que sucedió:

Momentos después de haber llegado a Cova de Iria, a los pies de la encina, en medio de una gran multitud, mientras rezábamos el Rosario, vimos los usuales destellos de luz y luego a nuestra Señora en la cima del árbol.

-“¿Qué es lo que su Gracia desea de mí?” le pregunté.

-“Yo quiero que vengas aquí el día trece del siguiente mes, a continuar diciendo el Rosario en honor a Nuestra Señora del Rosario, para obtener la paz en el mundo y el fin de la guerra.”

-“Yo quería pedirle que nos diga quién es Usted y si puede hacer un milagro para que todos puedan creer que Usted se nos aparece” dije Yo.

-“Continúa viniendo aquí cada mes. En Octubre, yo te diré quien soy, que es lo que quiero, y haré un milagro que todos puedan ver y así creerán”.

Luego, hice algunas peticiones, mismas que ya no recuerdo de que trataban. Lo que si recuerdo, es que nuestra Señora nos dijo que era verdaderamente importante seguir rezando el Rosario para obtener gracias durante el año. Luego nuestra Señora prosiguió:

“Sacrifiquense por los pecadores y digan muy seguido, especialmente cuando hagan algún sacrificio ´Oh Jesús, es por tu amor, por la conversión de los pecadores y en reparación por los pecados cometidos contra el Inmaculado Corazón de María.´”

La Visión del Infierno

A continuación, Lucía describe la aterradora visión:

«Luego de haber dicho estas últimas palabras, ella abrió sus manos nuevamente, como en los dos meses anteriores. Los rayos de luz que salían de sus manos, parecían penetrar la tierra y vimos como si hubiese por decirlo así, un inmenso mar de fuego. Sumergidos en ese fuego, habían demonios y almas como si fuesen brazas transparentes y negras o bronceadas con forma humana. Llevados por las llamas que de ellos mismos salían, juntamente con horribles nubes de humo, flotaban en aquel fuego y caían en todas partes, igual que las chispas en los grandes incendios, sin peso y sin equilibrio, entre gritos de dolor y desesperación que horrorizaban y hacían estremecer de espanto (debió haber sido este espectáculo lo que me hizo gritar como dice la gente que así me escuchó).

Los demonios se distinguían por sus formas horribles y repugnantes de animales espantosos y desconocidos, pero transparentes igual que carbones encendidos.

Esa visión duró sólo un momento, gracias a nuestra bondadosa Madre Celestial, Quien en la primera aparición nos había prometido llevarnos al Cielo. De no haber sido así, creo que hubiéramos muerto de terror y miedo».

“Acaban de ver el infierno, donde van las almas de los pobres pecadores. Para salvarlos, Dios quiere establecer en el mundo la devoción a mi Inmaculado Corazón. Si hacen lo que les digo, muchas almas serán salvadas y habrá paz. La guerra llegará a su fin. Pero si no cesan de ofender a Dios, durante el reinado de Pio XI, una guerra peor comenzará. Cuando vean una noche iluminada por una luz desconocida, sepan que es la gran señal que da Dios de que castigará al mundo por medio de la guerra, el hambre y la persecución a la iglesia y al Santo Padre.
Para prevenirla, vendré a pedir la consagración de Rusia a mi Inmaculado Corazón y la comunión reparadora de los Primeros Sábados.

Si hacen lo que les pido, Rusia se convertirá y habrá paz, de lo contrario, esparcirá sus errores por el mundo, promoviendo guerras y la persecución de la Iglesia. Los buenos serán martirizados, el Santo Padre tendrá mucho que sufrir y muchas naciones serán aniquiladas. Finalmente mi Inmaculado Corazón Triunfará. El Santo Padre me consagrará Rusia la que se convertirá y el mundo tendrá un periodo de paz. En Portugal el dogma de la Fe preservará, etc.»

“Esto no se lo dirán a nadie. A Francisco sí se lo podrán decir.”
Cuando recen el Rosario, después de cada misterio digan: Oh Señor mio Jesucristo, perdona nuestros pecados, lleva al Cielo a todas las alamas, especialmente a las más necesitadas de tu misericordia”.

Luego de un breve instante de silencio, pregunté:

-“¿Hay algo más que quisiera de mi?”
-“No. Por hoy no quiero nada más de ti.”

Y como es usual, ella comenzó a elevarse en dirección al este, hasta que desapareció en la vasta distancia del firmamento.

Pecado y castigo

A fin de demostrar la gravedad del pecado, Nuestra Señora nos presenta sus consecuencias: En la otra vida, el castigo eterno, el infierno, y en esta vida, guerras y persecuciones de la Iglesia y a los buenos.
Para hacerles entender a los pequeños niños la extrema gravedad del pecado, Nuestra Señora no vaciló en hacerles ver, la terrible consecuencia final que acarrea: El infierno.
De no ser por su ilimitada misericordia -Dios otorga gracias especiales bajo circunstancias especiales- uno podría decir que tal gesto, fue un acto de indecible crueldad .
La hermana Lucía reconoce que, de no haber sido por aquellas gracias especiales y por la promesa de ser llevados al Cielo, hubiesen muerto de miedo.

Cuando uno observa la fotografía de los tres pequeños pastores, tomada después de la visión del infierno, la expresión de terror y sufrimiento en sus rostros es tal, que nos dan una idea de la terrible realidad del infierno.
Nuestra Señora nos presentó la Primera Guerra Mundial, como un castigo por los pecados de la humanidad, la que ha caído muy lejos de Dios, y nos advirtió, que si no nos corregimos y escuchamos sus peticiones , una guerra peor podría tener lugar durante el papado de Pio XI y los errores de Rusia, se esparcirían por todo el mundo.

Es por eso, que la hermana Lucía, consideró que aquella extraordinaria luz, una aurora boreal que iluminó los cielos de Europa la noche del 25 de Enero de 1938 entre las 8:45pm y la 1:15am, era una señal de que la guerra anunciada por Nuestra Señora, estaba ya muy próxima.

Un secreto y un milagro

El anuncio que hicieran los tres pequeños videntes después de la aparición, tuvo el mismo efecto de una bomba.
Nuestra Señora, dijeron los niños, les había confiado un “secreto” y prometió un milagro que todos los presentes pudiesen ver.

Que podría despertar la curiosidad innata del ser humano sino un secreto? Claro, la curiosidad sería aún mayor tratándose de un secreto dado por alguien del Cielo!

En la mayoría de las personas, la curiosidad sensacionalista reemplaza al miedo, y la pasión, supera a la reflexión. Por lo tanto, si los pobres niños ya habían sufrido mucho con las apariciones anteriores, ahora estaban entrando en el verdadero martirio. Fueron sujetos a todo tipo de hostigamiento, acosamiento y amenazas a fin de «sacarles» el secreto.

La familia de Lucía, ni siquiera estaba convencida de todo este asunto de las apariciones y mucho menos le importaba “el secreto”. Es más, ni siquiera se molestaron en preguntarle a Lucía sobre el mismo. Muy por el contrario, en la casa del Sr Marto se sostenía que “Un secreto es un secreto. Si ellos lo recibieron, entonces deben conservarlo”.

Para intentar obtener acceso al secreto, las autoridades civiles, emplearon amenazas y posteriormente la fuerza.

Aljustrel, como las demás villas de los alrededores, eran parte del consejo administrativo de Vila Nova de Ourém, que estaba presidido por un virulento anticlerical de nombre Artur Oliverira Santos.

El 10 de Agosto, Santos envió un mensaje con carácter oficial a los padres de Lucía y de Francisco, convocándoles a presentarse frente al consejo con los niños.
Santos presionó a Lucía para que revelase el secreto y prometiese nunca más volver a Cova de Iria. Al ver que la pequeña no cedía, se enfureció contra sus padres, enviándoles de regreso a casa y amenazándoles con ulteriores “medidas”.

Los Videntes en prisión

En Agosto 13, una gran multitud se había hecho presente en el lugar de las apariciones. El tiempo transcurría y los pequeños pastores no se hacían presentes. Las personas comenzaban a ponerse nerviosas.
De pronto, una voz comenzó a correr “¡los niños no vendrán el día de hoy, han sido arrestados por el administrador!”
Todos comenzaron a preguntarse cómo es que podría haber sucedido semejante cosa!
Resulta que temprano, esa misma mañana, Santos, acompañado por el párroco de Porto de Mós, fue a Aljustrel a buscar a los niños en sus respectivas casas.
Santos argumentó que como Santo Tomas, tenía que “ver para creer”, y quería ser testigo de aquellas apariciones. Así convenció a los padres y persuadió a los niños a subir a su carruaje tirado por caballos. Nada les hacía sospechar que al llegar al cruce con el camino principal, en lugar de dirigirse a Cova de Iria, tomarían el camino opuesto hacia Nova de Ourém y a todo galope.

Al llegar al pueblo, primero se dirigieron a la residencia de la Sra. Santos, quien era católica practicante sin saberlo su esposo. Los trató de la mejor de las maneras y les sirvió el almuerzo. Poco después, los tres niños fueron llevados a la municipalidad donde fueron interrogados sobre el secreto, después, de lo cual, volvieron a la residencia de Santos donde pasaron aquella noche.

La mañana siguiente, dispuesto a conocer aquel secreto, Santos decidió que la mejor manera de hacerlo, era aterrorizando a los niños, a quienes encerró en una celda con mal vivientes, los que para sorpresa de Santos, terminaron rezando el Rosario con los pequeños.

Santos, enfurecido, decide en un arranque de indescriptible crueldad, amenazar a los videntes con hervirlos vivos en un caldero lleno de aceite si no revelaban el secreto. A tal fin, un guardia se presenta preguntando por la pequeña Jacinta, argumentando que el aceite ya estaba hirviendo y que era su última oportunidad de revelar el secreto. Prefiriendo el martirio, la pequeña heroína se negó a hablar, por lo que fue llevada por el guardia. Francisco y Lucía, imaginaban lo peor. Poco después, el mismo guardia vendría por Francisco y posteriormente por Lucía. Grande fue su sorpresa al encontrarse los tres juntos y vivos en el cuarto de al lado.

El 15 de Agosto durante la Fiesta de la Asunción de Nuestra Señora al Cielo, Santos liberó a los tres pequeños pastores de Fátima.

Nuestra Señora Esperó

La hermana Lucía escribe:

El Domingo 19 de Agosto, mientras pastaba a las ovejas en compañía de Francisco, vi aquel destello de luz, el que nosotros solíamos confundir con un relámpago. A los pocos segundos de llegar Jacinta, se presentó Nuestra Señora sobre la encina.

-“¿Qué es lo que quiere de mí?”

-“Quiero que continúes yendo a Cova de Iria el día 13 y que continúes rezando el Rosario todos los días. El último mes haré un milagro para que todos puedan creer.”

-¿Qué quiere que se haga con el dinero que las personas dejan en Cova de Iria?

-“Hagan dos andas, una para ser llevada por Jacinta, tu y otras dos muchachas vestidas de blanco. La otra, será llevada por Francisco con otros tres muchachos.
El dinero que sobre de hacer estas andas, es para la fiesta de Nuestra Señora del Rosario y lo que sea que quede, se usará en la construcción de una capilla que tu verás que sea erguida.”

-“Yo le quería pedir que cure a algunas personas enfermas”.

-”Sí. Curaré a algunas cuantas durante el año”.

De pronto el semblante de nuestra Señora se tornó triste.

-”Recen. Recen mucho y hagan sacrificios por los pecadores. Muchas almas van al infierno por que no hay nadie que haga sacrificios y rece por ellas”.

Y como ya era usual, comenzó a elevarse en dirección al este.

Un adelanto del Milagro

Escribe Lucia:

Finalmente llegamos a Cova de Iria y nos dispusimos a rezar el Rosario con las personas allí presentes. Poco después, vimos el destello de luz y posteriormente, a Nuestra Señora sobre la encina.

-“Continúen rezando el Rosario para obtener el fin de la guerra. En Octubre, Nuestro Señor también vendrá, así como Nuestra Señora de los Dolores, del Monte Carmelo y San José, con el Niño Jesús para bendecir al mundo. Dios está contento con sus sacrificios pero no quiere que duerman con la soga, (los niños a modo de penitencia, se habían amarrado bajo la ropa y alrededor de la cintura, un tosca soga) úsenla durante el día”.

-”Las personas me han dicho que le pida muchas cosas, la curación de algunos enfermos y un sordo-mudo.”

-”Sí. Curaré a algunos. En Octubre haré un milagro para que todos crean.”

Y comenzando a elevarse, se desvaneció hacia el este.

Reproducción de texto e imágenes con permiso de Tradition In Action.

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Colofón
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