La luz verdadera, la que ilumina a todo hombre, venía a este mundo. En el mundo estaba, y el mundo fue hecho por medio de Él, pero el mundo no lo conoció. Vino a los suyos, pero los suyos no lo recibieron (Juan 1:9-11).
Y el juicio está en que vino la luz al mundo, y los hombres amaron más las tinieblas que la luz, porque sus obras eran malas. Pues todo el que obra el mal aborrece la luz y no se acerca a ella, para que sus obras no sean descubiertas. En cambio, el que practica la verdad se acerca a la luz, para que quede de manifiesto que sus obras han sido hechas en Dios (Juan 3:19-21).
Jesús les habló otra vez, diciendo: Yo soy la luz del mundo; el que me sigue no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida. (Juan 8:12)

Recíbele en tu corazón, dejando atrás los miedos y las sombras del pecado. Recíbele en tu familia, permitiendo que su paz y su amor reinen en tu hogar. Recíbele en tu prójimo, especialmente en los más pequeños, pobres y necesitados, porque Él mismo nos dice:
«Cuanto hicieron a uno de estos hermanos míos más pequeños, a mí me lo hicieron» (Mateo 25:40).
Aunque el mundo moderno prefiera andar en las tinieblas, haz que este Noche Buena/Navidad sea un tiempo de verdadera conversión, de abrirnos a la luz de Cristo y caminar en ella. No lo rechaces; recíbele con un corazón dispuesto, y experimenta la alegría y la paz que solo Él puede dar.
«Ven, Señor Jesús. Entra en nuestro mundo, en nuestras vidas, y enciende en nosotros la luz de tu amor.»
Amén.
