También conocido como e Rosario Carmelita o la Corona de Santa Brígida.
El Rosario de Santa Brígida, es una devoción que hoy ha caído prácticamente en el olvido. Fue instituido y propagado por Santa Brígida de Suecia (1303 – 1373), quien fuese favorecida con visiones y éxtasis, y quien se distinguió, sin embargo, por una profunda humildad, una intensa devoción a la Pasión de Nuestro Señor y a sus Santas Llagas, y un amor ardiente a la Santísima Virgen, en cuyo honor promovió este rosario.
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Se trata de un rosario particular que añade un misterio adicional a cada serie —Gozosos, Dolorosos y Gloriosos—, otorgando así un honor especial a la Santísima Virgen. Tiene 63 cuentas de Ave María para honrar los 63 años que la Santísima Virgen vivió en la tierra y siete Padrenuestros en honor a los dolores y gozos de la Santísima Virgen. Es por eso que tiene 6 decenas.
Según Santa Brígida, el Padrenuestro y las tres Avemarías introductorias del rosario son como entrar en el atrio o vestíbulo de una iglesia. Es donde se recogen los pensamientos, se despeja el desorden mental y se prepara uno para rezar.
Hay seis misterios o décadas en cada una de las tres partes o divisiones. En los seis Misterios Gozosos el primer misterio es La Inmaculada Concepción, el sexto de los Misterios Dolorosos es Jesús Bajado de la Cruz y Puesto en los Brazos de su Madre, el sexto de los Misterios Gloriosos es El Patrocinio de María, Reina y Belleza del Carmelo. Los demás misterios son los mismos que en el Rosario de uso común. Al final de cada década, se recita el Credo de los Apóstoles, no el Gloria.
Fuente: “Camino de perfección para los laicos” por el P. Kevin, OCD, Imprimatur, 1963, Dublín.
Santa Bernardita
No podemos dejar de apuntar que cuando a Santa Bernardita Soubirous, la joven vidente de Nuestra Señora en el pueblecito francés de Lourdes, le preguntaron cómo iba vestida la Virgen, precisó que la Señora llevaba «un rosario como el mío», o sea, una corona de Santa Brígida, un rosario de seis decenas, que era el que habitualmente llevaba consigo la niña.
Indulgencias
INDULGENCIAS
El Rosario Brigittino fue ricamente indulgenciado. El Papa León X, en su Bula del 10 de julio de 1516, y el Papa Clemente XI, en su Bula De Salutis Gregis Dominici, del 22 de septiembre de 1714, concedieron muchas indulgencias a todos los que llevaran consigo, o dijeran, la Coronilla, llamada en honor de Santa Brígida porque ella fue la primera en concebir la idea de ella y en promulgar su uso.
Estas indulgencias fueron confirmadas por el Papa Benedicto XIV, en su Breve del 15 de enero de 1743, en el que añadió otras, de todas las cuales se dará ahora un resumen.
RESUMEN DE INDULGENCIAS ANEXAS AL ROSARIO O CORONILLA DE SANTA BRÍGIDA
i. La indulgencia de 100 días por cada Padrenuestro, 100 días por cada Avemaría y 100 días por cada Credo, a todos los fieles que recen el Rosario o Coronilla de Santa Brígida. Papa León X., 10 de julio de 1515.
ii. La indulgencia de siete años y siete cuarentenas, además de lo anterior, a todo aquel que rece el mencionado Rosario o Coronilla de quince decenas. Concesión del mismo Papa León. (Siempre que este Rosario se rece con otros, cada persona puede ganar las indulgencias I y II, exactamente igual que cuando dicho Rosario se rece por una sola persona. El mismo Papa León.)
iii. La indulgencia plenaria para todos los que recen al menos cinco decenas diariamente durante un año, en cualquier día del año en que, después de la Confesión y la Comunión, oren por la Santa Iglesia. Papa Clemente XI, 22 de septiembre de 1714.
iv. La indulgencia plenaria, en la fiesta de Santa Brígida (8 de octubre), para todos los que recen dicho Rosario de cinco decenas al menos una vez a la semana y, después de la Confesión y la Comunión, visiten su propia iglesia parroquial, o cualquier otra iglesia, y oren a Dios allí por la Iglesia como se ha dicho anteriormente. Benedicto XIV, 15 de enero de 1743.
v. Indulgencia plenaria a todos los que, acostumbrados a rezar este Rosario, como en el n.°IV, encomendando su alma a Dios, dicen con el corazón el santo nombre de Jesús, si no pueden hacerlo con los labios, habiendo confesado y comulgado al mismo tiempo; o, si estas condiciones son imposibles, estando contritos de corazón. Benedicto XIV.
vi. Indulgencia plenaria, una vez al mes, a todos los que recen esta coronilla diariamente durante un mes, en cualquier día en que, después de la confesión y la comunión, visiten una iglesia y recen como se ha dicho anteriormente. Benedicto XIV.
vii. Indulgencia de cuarenta días a todos los que lleven consigo este Rosario, si, al sonar la campana por un alma que pasa, se arrodillan y rezan por esa alma. Benedicto XIV.
viii. Indulgencia de veinte días a todos los que lleven este Rosario siempre que hagan examen de conciencia y digan tres Padrenuestros y tres Avemarías. Ben. XIV.
ix. Indulgencia de cien días a todos los que lleven este Rosario siempre que oigan Misa (festiva o ferial), o asistan a un sermón, o acompañen el Santísimo Viático, o vuelvan a algún pecador a su
camino de salvación, o hagan cualquier otra buena obra en honor de nuestro Señor Jesucristo, la Santísima Virgen o Santa Brígida, con tal que digan también tres Padrenuestros y tres Avemarías. Benedicto XIV., como antes.
Fuente: La RACCOLTA, compendio de oraciones e indulgencias de la Iglesia Católica. 1904.
MANERA DE REZAR – EL ROSARIO CARMELITA – O CORONA DE SANTA BRÍGIDA
Se comienza con el credo, padre nuestro y tres Avemarías. En cada Misterio se reza un Padrenuestro, diez Avemarías y un Credo.
Misterios Gozosos Lunes y Jueves
Primer Misterio: La Inmaculada Concepción de la Virgen María (Gn 3, 9-15)
Entonces Yahveh Dios llamó al hombre y le dijo: «¿Dónde estás?» Este contestó: «Te oí andar por el jardín y tuve miedo, porque estoy desnudo; por eso me escondí.»
Él replicó: «¿Quién te ha hecho ver que estabas desnudo? ¿Has comido acaso del árbol que te prohibí comer?»
Dijo el hombre: «La mujer que me diste por compañera me dio del árbol, y comí.»
Dijo, pues, Yahveh Dios a la mujer: «¿Por qué lo has hecho?» Y contestó la mujer: «La serpiente me sedujo, y comí.»
Entonces Yahveh Dios dijo a la serpiente: «Por haber hecho esto, maldita seas entre todos los ganados y entre todas las bestias del campo. Sobre tu vientre caminarás, y polvo comerás todos los días de tu vida. Pondré enemistad entre ti y la mujer, entre tu linaje y su linaje: él te aplastará la cabeza y tú le acecharás el talón.»
Padrenuestro:
Avemaría x 10:
Credo:
Segundo Misterio: La Anunciación del Ángel Gabriel a la Virgen María (Lc 1, 26-38)
Al sexto mes, fue enviado por Dios el ángel Gabriel a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret, a una virgen desposada con un hombre llamado José, de la casa de David; el nombre de la virgen era María. Entrando donde ella estaba, dijo: «Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo.»
Ella se conturbó por estas palabras, y discurría qué significaría aquel saludo. El ángel le dijo: «No temas, María, porque has hallado gracia delante de Dios; vas a concebir en el seno y vas a dar a luz un hijo, a quien pondrás por nombre Jesús. Él será grande y será llamado Hijo del Altísimo, y el Señor Dios le dará el trono de David, su padre; reinará sobre la casa de Jacob por los siglos y su reino no tendrá fin.»
Padrenuestro:
Avemaría x 10:
Credo:
Tercer Misterio: La Visita de María a Su prima Santa Isabel (Lc 1, 39-45)
En aquellos días, se levantó María y se fue con prontitud a la región montañosa, a una ciudad de Judá; entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel. Y sucedió que, en cuanto oyó Isabel el saludo de María, saltó de gozo el niño en su seno, e Isabel quedó llena del Espíritu Santo; y exclamando con gran voz, dijo: «Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu seno; y ¿de dónde a mí que la madre de mi Señor venga a mí? Porque, en cuanto llegó a mis oídos la voz de tu saludo, saltó de gozo el niño en mi seno. ¡Feliz la que ha creído que se cumplirían las cosas que le fueron dichas de parte del Señor!»
Padrenuestro:
Avemaría x 10:
Credo:
Cuarto Misterio: El nacimiento de Jesús en Belén (Lc 2, 4-20)
Subió también José desde Galilea, de la ciudad de Nazaret, a Judea, a la ciudad de David, que se llama Belén, por ser él de la casa y familia de David, para empadronarse con María, su esposa, que estaba encinta. Y sucedió que, mientras ellos estaban allí, se le cumplieron los días del alumbramiento, y dio a luz a su hijo primogénito; lo envolvió en pañales y lo acostó en un pesebre, porque no tenían sitio en la posada. Había en la misma región unos pastores que vivían al raso y vigilaban por turno su rebaño durante la noche.
Padrenuestro:
Avemaría x 10:
Credo:
Quinto Misterio: La presentación del niño Jesús en el Templo (Lc 2, 22-38)
Cuando se cumplieron los días de la purificación de ellos, según la Ley de Moisés, llevaron a Jesús a Jerusalén para presentarlo al Señor, como está escrito en la Ley del Señor: «Todo varón primogénito será consagrado al Señor», y para ofrecer en sacrificio un par de tórtolas o dos pichones, conforme a lo que se dice en la Ley del Señor. Había en Jerusalén un hombre llamado Simeón; este hombre era justo y piadoso, y esperaba la consolación de Israel; y estaba en él el Espíritu Santo. Le había sido revelado por el Espíritu Santo que no vería la muerte antes de haber visto al Cristo del Señor. Movido por el Espíritu, vino al Templo; y cuando los padres introdujeron al niño Jesús, para cumplir lo que la Ley prescribía sobre él, lo tomó en brazos y bendijo a Dios diciendo: «Ahora, Señor, puedes, según tu palabra, dejar que tu siervo se vaya en paz; porque han visto mis ojos tu salvación, la que has preparado a la vista de todos los pueblos, luz para iluminar a las naciones y gloria de tu pueblo Israel.»Su padre y su madre estaban admirados de lo que se decía de él.
Padrenuestro:
Avemaría x 10:
Credo:
Sexto Misterio: El niño Jesús perdido y hallado en el Templo (Lc 2, 41-52)
Sus padres iban cada año a Jerusalén por la fiesta de la Pascua. Cuando Jesús cumplió doce años, subieron ellos como de costumbre a la fiesta. Al regresar, pasados los días, el niño Jesús se quedó en Jerusalén, sin que lo supieran sus padres. Pensando que iba en la caravana, hicieron un día de camino y lo buscaban entre los parientes y conocidos. Al no encontrarlo, volvieron a Jerusalén en su busca. Y sucedió que, al cabo de tres días, lo encontraron en el Templo, sentado en medio de los maestros, escuchándolos y haciéndoles preguntas. Todos los que le oían estaban asombrados de su inteligencia y de sus respuestas. Al verlo, quedaron desconcertados, y su madre le dijo: «Hijo, ¿por qué nos has hecho esto? Mira que tu padre y yo te buscábamos angustiados.» Él les respondió: «¿Por qué me buscabais? ¿No sabíais que yo debía estar en la casa de mi Padre?»
Pero ellos no comprendieron lo que les dijo.
Padrenuestro:
Avemaría x 10:
Credo:
Misterios Dolorosos: Martes y Viernes
Primer Misterio: La agonía de Jesús en el huerto (Lc 2, 22-38)
Llegaron a una propiedad llamada Getsemaní, y dijo a sus discípulos: «Sentaos aquí mientras yo hago oración.» Tomó consigo a Pedro, a Santiago y a Juan, y comenzó a sentir pavor y angustia. Y les dijo: «Mi alma está triste hasta la muerte; quedaos aquí y velad.» Y adelantándose un poco, se postró en tierra y pedía que, si era posible, pasara de él aquella hora. Decía: «¡Abbá, Padre!, todo te es posible; aparta de mí este cáliz; pero no sea lo que yo quiero, sino lo que tú quieres.»
Padrenuestro:
Avemaría x 10:
Credo:
Segundo Misterio: La flagelación de Jesús (Mc 15, 6-15)
En cada fiesta les concedía la libertad de un preso, el que pidieran. Había uno llamado Barrabás, encarcelado con los sediciosos que en el motín habían cometido un homicidio. La muchedumbre, que había subido, comenzó a pedirle lo que solía concederles. Pilato les respondió: «¿Queréis que os suelte al rey de los judíos?» Pues sabía que los sumos sacerdotes lo habían entregado por envidia. Pero los sumos sacerdotes incitaron a la gente para que pidieran más bien la libertad de Barrabás. Pilato les replicó de nuevo: «¿Qué queréis entonces que haga con el que llamáis rey de los judíos?» Ellos volvieron a gritar: «¡Crucifícalo!» Pilato les decía: «Pero ¿qué mal ha hecho?» Mas ellos gritaban con más fuerza: «¡Crucifícalo!» Pilato, queriendo satisfacer a la multitud, les soltó a Barrabás; y, después de mandar azotar a Jesús, lo entregó para que lo crucificaran.
Padrenuestro:
Avemaría x 10:
Credo:
Tercer Misterio: Jesús coronado de espinas (Mt 27, 27-31)
Entonces los soldados del gobernador llevaron a Jesús al pretorio y reunieron en torno a él a toda la cohorte. Le desnudaron y le echaron encima un manto escarlata. Tejiendo una corona de espinas, se la pusieron sobre la cabeza y en su mano derecha una caña; y doblando la rodilla delante de él, se burlaban diciendo: «¡Salve, rey de los judíos!» Y escupiéndole, le quitaron la caña y le golpeaban en la cabeza. Después de haberse burlado de él, le quitaron el manto, le pusieron sus vestidos y se lo llevaron para crucificarlo.
Padrenuestro:
Avemaría x 10:
Credo:
Cuarto Misterio: Jesús carga con la Cruz (Lc 23, 26-28)
Cuando lo llevaban, echaron mano de un tal Simón de Cirene, que venía del campo, y le cargaron la cruz para que la llevara detrás de Jesús. Le seguía una gran multitud del pueblo y de mujeres que se golpeaban el pecho y se lamentaban por él. Jesús, volviéndose hacia ellas, les dijo: «Hijas de Jerusalén, no lloréis por mí; llorad más bien por vosotras mismas y por vuestros hijos.»
Padrenuestro:
Avemaría x 10:
Credo:
Quinto Misterio: La crucifixión y muerte de Jesús (Lucas 23, 33–46)
Cuando llegaron al lugar llamado Calvario, lo crucificaron allí a él y a los malhechores, uno a la derecha y otro a la izquierda. Jesús decía: «Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen.» Y se repartieron sus vestidos echando suertes. El pueblo estaba allí mirando; los jefes, por su parte, se burlaban diciendo: «A otros ha salvado; que se salve a sí mismo, si es el Mesías de Dios, el Elegido.» También los soldados se burlaban de él y, acercándose, le ofrecían vinagre y le decían: «Si tú eres el rey de los judíos, sálvate a ti mismo.» Había también una inscripción encima de él: «Este es el rey de los judíos.» Uno de los malhechores crucificados lo insultaba: «¿No eres tú el Mesías? Sálvate a ti mismo y a nosotros.» Pero el otro le reprendía diciendo: «¿Ni siquiera temes a Dios tú, que sufres la misma condena? Nosotros la sufrimos justamente, porque recibimos lo que merecen nuestros delitos; pero este no ha hecho nada malo.» Y añadía: «Jesús, acuérdate de mí cuando vengas con tu Reino.» Jesús le respondió: «En verdad te digo: hoy estarás conmigo en el paraíso.» Era ya alrededor del mediodía cuando se oscureció toda la tierra hasta las tres de la tarde, porque el sol se había eclipsado; y el velo del Templo se rasgó por medio. Jesús, dando un fuerte grito, dijo: «Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu.» Y dicho esto, expiró.
Padrenuestro:
Avemaría x 10:
Credo:
Sexto Misterio: El cuerpo de Jesús puesto en el sepulcro (Marcos 15, 42–46)
Ya al atardecer, como era la Preparación, es decir, la víspera del sábado, vino José de Arimatea, ilustre miembro del Consejo, que también esperaba el Reino de Dios, y tuvo la valentía de presentarse a Pilato para pedir el cuerpo de Jesús. Pilato se sorprendió de que ya hubiese muerto; llamó al centurión y le preguntó si hacía mucho que había muerto. Informado por el centurión, concedió el cuerpo a José. Este compró una sábana, lo bajó de la cruz, lo envolvió en la sábana y lo depositó en un sepulcro excavado en la roca; luego hizo rodar una piedra a la entrada del sepulcro.
Padrenuestro:
Avemaría x 10:
Credo:
Misterios Gloriosos: Miércoles, Sábado y Domingo
Primer Misterio: La resurrección de de Jesús (Mt 28, 1-6)
Pasado el sábado, al amanecer del primer día de la semana, María Magdalena y la otra María fueron a ver el sepulcro. De pronto se produjo un gran terremoto: pues un ángel del Señor bajó del cielo, se acercó, hizo rodar la piedra y se sentó encima de ella. Su aspecto era como el relámpago y su vestido blanco como la nieve. Los guardias temblaron de miedo ante él y quedaron como muertos. El ángel se dirigió a las mujeres y les dijo: «Vosotras no temáis, pues sé que buscáis a Jesús, el Crucificado. No está aquí, ha resucitado, como había dicho. Venid, ved el lugar donde estaba.»
Padrenuestro:
Avemaría x 10:
Credo:
Segundo Misterio: La Ascensión de Jesús al Cielo (Lc 24, 36-51)
Estaban hablando de estas cosas, cuando Jesús se presentó en medio de ellos y les dijo: «Paz a vosotros.» Pero ellos, sobresaltados y asustados, creían ver un espíritu. Y él les dijo: «¿Por qué os turbáis y por qué surgen dudas en vuestro corazón? Mirad mis manos y mis pies: soy yo mismo. Tocadme y ved, porque un espíritu no tiene carne ni huesos como veis que yo tengo.» Y diciendo esto, les mostró las manos y los pies. Y yo os enviaré lo que mi Padre ha prometido; vosotros, por vuestra parte, quedaos en la ciudad hasta que seáis revestidos de la fuerza que viene de lo alto.» Después los sacó hasta cerca de Betania, y alzando sus manos los bendijo. Y mientras los bendecía, se separó de ellos y fue llevado al cielo. Ellos se postraron ante él y volvieron a Jerusalén con gran alegría. Y estaban continuamente en el Templo bendiciendo a Dios.
Padrenuestro:
Avemaría x 10:
Credo:
Tercer Misterio: La Venida del Espíritu Santo (Hch 2, 1-4)
Al cumplirse el día de Pentecostés, estaban todos juntos en el mismo lugar. De repente vino del cielo un ruido como de un viento impetuoso, que llenó toda la casa donde se encontraban. Se les aparecieron unas lenguas como de fuego que, repartiéndose, se posaron sobre cada uno de ellos. Quedaron todos llenos del Espíritu Santo y comenzaron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu les concedía expresarse.
Padrenuestro:
Avemaría x 10:
Credo:
Cuarto Misterio: La Asunción de la Virgen María al Cielo en cuerpo y alma (Col 3, 1-4)
Si habéis resucitado con Cristo, buscad las cosas de arriba, donde Cristo está sentado a la derecha de Dios. Aspirad a las cosas de arriba, no a las de la tierra. Porque habéis muerto, y vuestra vida está escondida con Cristo en Dios. Cuando Cristo, vuestra vida, se manifieste, entonces también vosotros os manifestaréis con él en gloria.
Padrenuestro:
Avemaría x 10:
Credo:
Quinto Misterio: La Coronación de la Virgen María como Reina de Cielos y Tierra (Ap. 12, 1)
Apareció en el cielo una gran señal: una mujer vestida del sol, con la luna bajo sus pies y una corona de doce estrellas sobre su cabeza.
Padrenuestro:
Avemaría x 10:
Credo:
Sexto Misterio: El Patrocinio de María, Reina y Belleza del Carmelo (Mt 12, 46-50)
Todavía estaba hablando a la muchedumbre, cuando su madre y sus hermanos estaban fuera, tratando de hablar con él. Alguien le dijo: «Mira, tu madre y tus hermanos están fuera y quieren hablar contigo.» Pero él respondió al que le hablaba: «¿Quién es mi madre y quiénes son mis hermanos?» Y extendiendo su mano hacia sus discípulos, dijo: «Estos son mi madre y mis hermanos. Porque todo el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos, ese es mi hermano, mi hermana y mi madre.»
Padrenuestro:
Avemaría x 10:
Credo:
ORACIÓN A SANTA BRÍGIDA
Con corazones confiados acudimos a ti, bienaventurada Brígida, y pedimos, en estos tiempos de oscuridad e incredulidad, tu intercesión en favor de los que están separados de la Iglesia de JESUCRISTO. Por el claro conocimiento que tuviste de los crueles sufrimientos de nuestro SALVADOR crucificado, precio de nuestra redención, te rogamos que obtengas para los que están fuera del único rebaño la gracia de la fe, para que las ovejas dispersas puedan volver al único y verdadero Pastor.
Por CRISTO nuestro SEÑOR. Amén.
V. Santa Brígida, intrépida sierva de DIOS,
R. Ruega por nosotros.
V. Santa Brígida, paciente en los sufrimientos y humillaciones,
R. Ruega por nosotros.
V. Santa Brígida, admirable en tu amor hacia JESÚS y María,
R. Ruega por nosotros.
PATER, Ave, Gloria.



