San epifanio

12 de Mayo: San Epifanio de Salamina, Obispo y doctor de la Iglesia

Publicado el 12 de mayo de 2021

Actualizado el 12 de mayo de 2025

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Mereció San Epifanio de Salamina ser llamado el «Jerónimo de Oriente». De él hace mención el Martirologio romano de esta manera: «En Salamina de Chipre, San Epifanio. obispo; fue muy erudito y conocía admirablemente la Sagrada Escritura. y no menos ilustre por la santidad de su vida. Su celo en sostener la fe católica, su liberalidad con los pobres y el don de milagros».


Día celebración: 12 de mayo.
Lugar de origen: Bezanduca, provincia de Gaza de Palestina.
Fecha de nacimiento: 310.
Fecha de su muerte: 403.


Contenido

– Introducción
– San Epifanio de Salamina, Monje
– San Epifanio de Salamina, Obispo
– Última entrevista con San Hilarión
– San Epifanio y el Origenismo
– Muerte de San Epifanio
– Oración a San Epifanio de Salamina


Introducción

San Epifanio de Salamina, un santo cristiano nacido alrededor del año 310 en Bezanduca (actualmente Bet Dehibrin) en la provincia de Gaza de Palestina. Provenía de una familia judía muy pobre, y quedó huérfano a la edad de diez años, junto con su hermana Calitropes. Fueron acogidos por un judío llamado Trifón, un hombre rico y docto en su ley, quien los adoptó como hijos.

Trifón se encargó de proporcionar una educación completa a Epifanio, enviándolo a Alejandría, a pesar de que esta ciudad era conocida por sus costumbres disolutas y la presencia de herejes gnósticos entre los cristianos. Epifanio demostró un talento particular para el estudio de las lenguas, siendo conocido como «pentaglota» por su conocimiento de cinco idiomas: griego, hebreo, siriaco, copto y latín.

Trifón esperaba hacer de Epifanio su heredero, casándolo con su única hija. Sin embargo, tanto Trifón como su hija murieron, dejando a Epifanio dueño de grandes riquezas. Posteriormente, Epifanio fue atraído hacia la verdadera fe cristiana por un monje llamado Luciano, convirtiéndose él y su hermana al cristianismo y siendo bautizados.

Un detalle interesante es que, al llegar a la pila bautismal, se narra que a Epifanio se le cayó el calzado, y considerando esto como un prodigio, decidió nunca más usar calzado en su vida, optando por andar siempre descalzo. Este gesto puede interpretarse como un símbolo de humildad y renuncia a los bienes materiales.

San Epifanio de Salamina, Monje

San Epifanio de Salamina después de ingresar a un monasterio con el deseo de buscar una vida de mayor perfección espiritual. Colocó a su hermana bajo el cuidado de una tía llamada Verónica, proporcionándole parte de su fortuna para su sustento, mientras que la otra parte la vendió y la distribuyó entre los pobres. Guardó una pequeña cantidad para comprar libros, indicando su interés continuo en el estudio de las Sagradas Letras.

Epifanio se convirtió en discípulo de San Hilarión y destacó entre los monjes por su amor ardiente a la vida religiosa, su dedicación al estudio de las Escrituras, su caridad, espíritu de oración y una vida austera y penitente. Además, se mencionan milagros realizados por él, lo que contribuyó a su alta estima entre la comunidad cristiana.

Con el deseo de evitar la popularidad y la vana honra, San Epifanio dejó el monasterio con la bendición de su abad y se retiró a un desierto en Libia. Sin embargo, fue descubierto por sarracenos y llevado cautivo. Aunque finalmente fue liberado, no dejó de reprender a sus captores por sus malas acciones.

Epifanio regresó al monasterio en el desierto de Libia, donde vivió una vida recogida y santa, realizando nuevos milagros, como liberar a posesos, hacer brotar una fuente en un lugar árido, y controlar a las bestias salvajes para proteger a los monjes. Después de pasar algunos años en el desierto de Libia, regresó a Palestina con la intención de fundar monasterios similares a los de Egipto. Construyó uno en Eleuterópolis, donde permaneció durante treinta años dedicado al estudio, la oración, la mortificación y la penitencia.

San Epifanio de Salamina, Obispo

La fama de la santidad de San Epifanio se extendió ampliamente, y los obispos de Palestina consideraron nombrarlo para la sede vacante de Salamina. Sin embargo, por humildad, Epifanio huyó a la isla de Chipre, donde esperaba encontrar a su antiguo maestro, San Hilarión. Ambos vivieron juntos en un lugar agreste preparándose para la muerte con oración y austeridad.

Aunque los obispos querían a Epifanio en Salamina, él decidió regresar al desierto de Libia para morir en soledad, lejos de las dignidades eclesiásticas. San Hilarión le aconsejó ir a Constanza, la capital de la isla, advirtiéndole sobre las consecuencias si no lo hacía.  Le dijo entonces San Hilarión; «No, hijo mio; vete a Constanza; allí te quiere el Señor; no desoigas mis palabras, porque, si tal haces, tendrás la tempestad en contra tuya».A pesar de esto, Epifanio se dirigió a Ascalón, pero el viento lo llevó a Constanza, justo cuando los obispos buscaban un nuevo prelado para la ciudad.

Aunque muchos consideraban a otro obispo anciano, este rechazó la posición y profetizó que el cielo enviaría pronto al hombre destinado por Dios. En ese momento, los obispos encontraron a Epifanio en la plaza, recién llegado, y lo llevaron a la iglesia, donde fue consagrado obispo, cumpliéndose así las profecías y deseos de San Hilarión.

Última entrevista con San Hilarión

Aún siendo obispo guardó el habito de monje y en medio de las ocupaciones del episcopado se entregó a todas las austeridades de la vida monástica. Iba de cuando en cuando a visitar el monasterio de Eleuterópolis, del que seguía siendo abad.

Vuelto a Chipre fue a ver a San Hilarión y tuvo con él ta ultima entrevista que fue conmovedora. Estando ambos sentados para comer, les sirvieron unos cuantos pajarillos cazados aquella misma mañana. Epifanio tos ofreció a San Hilarión:

—No, gracias —dijo el anciano—; desde que visto habito de monje no he probado cosa que haya tenido vida.

—Yo no puede decir otro tanto —repuso Epifanio—; pero desde que soy monje no recuerdo haberme acostado teniendo que reprocharme el no haber pedido perdón a aquellos a quienes hubiese ofendido, sin haber perdonado las ofensas muy de corazón.

Hilarión se echó a los pies del obispo y le dijo:

—Padre mio, la regla que vos observas es más perfecta que la mía.

A los pocos días murió San Hilarión lleno de años y de buenas obras (371). San Epifanio de Salamina le enterró e hizo el panegírico de su santo maestro. Por entonces acudió al insigne San Basilio para pedirle el secreto de la alianza entre la vida activa y la contemplativa, de que el metropolitano de Cesarea era perfecto dechado. Entablaron entre si activa correspondencia, pero no llegaron a conocerse de vista.

En Roma y Jerusalén

En el año 377 o principios de 378, el papa San Dámaso convocó un concilio en Roma, al que asistió San Epifanio de Salamina junto a San Jerónimo. El obispo de Constanza contribuyó al triunfo del dogma católico contra los apolinaristas. De regreso a su iglesia, San Epifanio trabajó arduamente en la propagación de la fe católica, convirtiendo herejes y judíos.

A pesar de su eminencia, San Epifanio enfrentó adversarios y calumniadores. Se le acusó de liberar a un preso con dinero de la Iglesia, pero él lo hizo por caridad. Un diácono ambicioso llamado Carino incitó a otros clérigos contra el Santo, quien soportó burlas e injurias con admirable paciencia.

En una ocasión, invitó a Carino y a los clérigos a comer, devolviéndole el dinero gastado en liberar al preso. Durante la comida, un cuervo graznó tres veces. Carino desafió a Epifanio a interpretar el significado, ofreciéndole toda su fortuna si lo lograba. Inspirado por el Señor, Epifanio respondió:

«Lo que quiere decir el cuervo es que tu no has de ser ya mas diácono».

Oyendo esto Carino se pasmó, y no pudo pronunciar palabra. Lo llevaron en brazos a su casa y a la mañana siguiente murió, y su hacienda pasó a la Iglesia. Los demás clérigos escarmentaron, y de allí adelante reverenciaron más a su santo pastor.

Las liberalidades de San Epifanio de Salamina se extendían a todos los necesitados. Una vez, dos mendigos que le vieron venir, se concertaron entre si; uno de ellos fingió estar muerto, y el otro, al pasar el Santo, se lamentó de su indigencia diciéndole que ni siquiera tenia con qué pagar los funerales de su amigo. San Epifanio de Salamina le consoló y le dio buena limosna. En cuanto hubo partido el santo obispo, el mendigo dijo a su compañero:

«Oye, levántate, vayámonos a celebrar el feliz resultado de la estratagema».

Mas, como el otro no se movía, quedé sobrecogido de espanto y fue a toda prisa a contárselo al obispo, pidiéndole perdón y clemencia. El Señor, empero, queriendo inspirar a los fieles gran horror a la mentira, no se digné devolver la vida al fingido muerto.

San Epifanio y el Origenismo

En el año 394, San Epifanio de Salamina viajó a Jerusalén y se enteró de los estragos causados por los errores de Orígenes en Palestina. Decidió enfrentarse enérgicamente a los seguidores de estas falsas doctrinas, entre ellos Juan, obispo de Jerusalén, San Jerónimo y Rufino, este último amigo de Epifanio.

En la iglesia del Santo Sepulcro, ante una gran multitud, Epifanio predicó contra Orígenes y sus errores. Al no lograr que Juan condenara a Orígenes, Epifanio se separó de su comunión. San Jerónimo, por su parte, respaldó a Epifanio.

Posteriormente, Epifanio ordenó presbítero a Pauliniano, hermano de San Jerónimo. Aunque defendió con celo la verdadera fe, su celo a veces indiscreto fue explotado por Teófilo en beneficio propio. Teófilo, perseguido por los solitarios de Egipto, aprovechó la situación excomulgándolos y escribiendo a otros prelados de Oriente para que no los admitieran en la Comunión, alegando que eran herejes seguidores de Orígenes.

San Juan Crisóstomo, obispo de Constantinopla, brindó apoyo a los solitarios perseguidos por Teófilo, patriarca de Alejandría, intentando persuadirlo sin éxito. Se convocó el sínodo de Constantinopla para abordar el tema y juzgar la conducta del patriarca. Teófilo buscó la ayuda de San Epifanio de Salamina, engañándolo con elogios y convenciéndolo de unirse al sínodo.

A pesar de sus noventa años, San Epifanio se dirigió a Constantinopla sin sospechar el papel que le harían desempeñar. Su preocupación era la cuestión dogmática del origenismo. Al llegar, convocó a los obispos, les comunicó los decretos contra los origenistas y les pidió que los firmaran.

Teófilo planeó que Epifanio condenara públicamente los errores de Orígenes y los monjes de Alejandría durante una misa en la basílica. Sin embargo, el plan fracasó cuando Serapión, seguidor de Crisóstomo, leyó un mensaje escrito por este último, persuadiendo a Epifanio para que abandonara el templo, frustrando así los intentos de Teófilo.

Muerte de San Epifanio

San Epifanio de Salamina, como si hubiese tenido una visión celestial de su inminente muerte, relató a los sacerdotes que le acompañaban las peripecias de su vida, los peligros, viajes y luchas contra herejes. Durante el relato, se desató una tormenta que predijo duraría dos días y dos noches, asegurando que el barco llegaría al puerto. Experimentó un desfallecimiento, lo colocaron en una cama y profetizó que la tormenta cesaría al amanecer del tercer día. Cumpliéndose sus palabras, el sol resplandeció, despertó como de un sueño profundo, pidió incienso, oró con los sacerdotes arrodillados a su alrededor, y al despedirse de ellos les dijo: «Adiós, amados, vivid felices en este mundo, donde ya no veréis mas a Epifanio» luego de lo cual se durmió en el Señor. El navío abordó a Constanza. Sacaron el sagrado cadáver y todos los habitantes de la isla vinieron muy afligidos a venerarlo.

Oración a San Epifanio de Salamina

San Epifanio de Salamina, ruega por nosotros. Amén.

Cordero de Dios

San Epifanio de Salamina | Fuentes

El Santo de cada día por EDELVIVES.

Colofón
Y si al lector este trabajo le ha podido ayudar, le rogamos un Avemaría por nuestras almas rezar.