14 de Enero: San Hilario de Poitiers


San Hilario de Poitiers

San Hilario de Poitiers nació a principios del siglo IV d. C. Sus padres fueron paganos acaudalados. Recibió una buena educación. Estudió, más tarde, los escritos del Antiguo y Nuevo Testamento, con el resultado de que abandonó su neoplatonismo por el cristianismo, y con su esposa y su hija (tradicionalmente llamada San Abra), fue bautizado y recibido en la Iglesia.

Los cristianos de Poitiers respetaban tanto a San Hilario que alrededor de 350, lo eligieron por unanimidad como su obispo. En ese momento, el arrianismo amenazaba con invadir la Iglesia occidental; San Hilario de Poitiers se comprometió a repeler su irrupción. Uno de sus primeros pasos fue asegurar la excomunión de Saturnino, el obispo arriano de Arles, y de Ursacio de Singidunum y Valens de Mursa, dos de sus prominentes partidarios.

Casi al mismo tiempo, San Hilario de Poitiers escribió al emperador Constancio II una protesta contra las persecuciones por las cuales los arrianos habían intentado aplastar a sus oponentes (Ad Constantium Augustum liber primus, cuya fecha más probable es 355). Otros historiadores se refieren a este primer libro a Constancio como «Libro contra Valens», del cual solo existen fragmentos. Sus esfuerzos no tuvieron éxito al principio, ya que en el sínodo de Biterrae (Béziers), convocado por el emperador en 356 con el propósito declarado de resolver la larga disputa, un rescripto imperial desterró al nuevo obispo, junto con Rodano de Toulouse, a Frigia.

San Hilario de Poitiers en el exilio

Los seguidores de Arrio consiguieron que el emperador Constancio, inficionado de la herejía, desterrase a Hilario de Poitiers a Frigia, provincia romana de Asia, situada en la extremidad del Imperio. Hacia allí se dirigió a fines del 356.

Durante cuatro años recorrió las ciudades de Oriente, discutiendo. «Permanezcamos siempre en el destierro -repetía- con tal que se predique la verdad». Al mismo tiempo enviaba a Occidente su tratado de los Sínodos y en 359 los doce libros Sobre la Trinidad, que se consideraba su mejor obra.

San Hilario de Poitiers también asistió a varios sínodos durante su tiempo en el exilio, incluido el consejo de Seleucia (359) que vio el triunfo de la prohibición de toda discusión sobre la sustancia divina. En 360, San Hilario de Poitiers intentó sin éxito asegurar una audiencia personal con Constancio, así como dirigirse al concilio que se reunió en Constantinopla en 360.

Cuando este concilio ratificó las decisiones de Rímini y Seleucia, San Hilario de Poitiers respondió con el In Constantium, en el que atacaba al El emperador Constancio como anticristo y perseguidor de los cristianos ortodoxos. Las urgentes y reiteradas solicitudes de San Hilario de Poitiers para debates públicos con sus oponentes, especialmente con Ursacius y Valens, resultaron finalmente tan inconvenientes que lo enviaron de regreso a su diócesis.

San Hilario de Poitiers vuelve a Poitiers

Considerado como un agitador e intimidados por su intrepidez, sus mismos enemigos trabajaron para echarlo de Oriente. Así volvió Hilario a Poitiers. San Jerónimo refiere el júbilo con que fue recibido por los católicos. Allí realizó una profunda labor de exégesis, en los tratados que escribió sobre los divinos misterios, sobre los salmos y sobre san Mateo. Compuso también himnos y algunos le atribuyeron el «Gloria in excelsis». Según Isidoro de Savella, Hilario fue el primero que introdujo los cánticos en las iglesias de Occidente.

Según san Isidoro de Sevilla, Hilario fue el primero que introdujo los cánticos en las iglesias de Occidente. Años más tarde San Ambrosio introducirá esa costumbre en su catedral de Milán y los herejes lo acusarán ante el gobierno diciendo que por los cantos tan hermosos que entona en su iglesia le quita a ellos sus clientes que se van a donde los católicos porque allá cantan más y mejor.

San Hilario de Poitiers tuvo numerosos discípulos, el más ilustre de ellos san Martín de Tours, y muchos fueron los herejes que convirtió. Murió el 13 de enero del año 368. Sus reliquias reposaron en Poitiers hasta el año 1652, en que fueron sacrílegamente quemadas por los hugonotes. Se le ha dado el título de Atanasio de Occidente. San Jerónimo y san Agustín lo llaman gloriosísimo defensor de la fe. Por la profunda influencia que ejerció como escritor, el papa Pío IX, a petición de los obispos reunidos en el sínodo de Burdeos, declaró a san Hilario doctor de la Iglesia.

Oración a San Hilario de Poitiers

Dios todopoderoso, que has derramado por toda la creación reflejos de tu infinita belleza y bondad, haciendo el hombre a tu imagen y semejanza, tanto amas a quienes se entregan totalmente, que nos los pones como modelo, quieres que les veneremos y haces innumerables beneficios y milagros por su intercesión. Por ello y mediante tu siervo San Hilario de Poitiers te rogamos nos concedas (mencionar aquí la petición) y con ello una mayor correspondencia de tu amor.

Amén