San José de Cupertino, ridiculizado por racionalistas a lo largo del tiempo, fue un humilde franciscano conocido por sus sorprendentes milagros y frecuentes levitaciones, vistas como manifestaciones del amor divino. Vivió en el siglo de Luis XIV y en la era del jansenismo, desafiando a los incrédulos que negaban la intervención divina en la naturaleza. Nacido en un establo en Cupertino, Nápoles, en el seno de una familia pobre, su madre se refugió allí tras perder sus bienes ante los acreedores de su padre, un carpintero en dificultades.
La madre de San José de Cupertino fue una mujer fuerte que, ante las adversidades, mantuvo una fe firme y educó a su hijo con piedad y disciplina. Desde niño, José mostró una profunda devoción, centrado en la oración y la vida espiritual, aunque carecía de interés por la escuela y sufría de una salud frágil. Tras una milagrosa curación atribuida a la Virgen, decidió dedicarse a Dios, aunque fracasó en varios intentos laborales, como aprendiz de zapatero.
A los 17 años, intentó unirse a los Hermanos Menores Conventuales, pero fue rechazado por su falta de preparación. Luego fue admitido como Hermano lego entre los Capuchinos, aunque fue despedido después de nueve meses por su ineptitud para las tareas manuales.
San José de Cupertino era tan torpe en las tareas que rompía todo lo que tocaba: volcaba cacerolas y confundía el pan. Su ineptitud llevó a los capuchinos a devolverlo a la vida secular. La fama de incompetente y perezoso se extendió tanto que le cerró todas las puertas. Al regresar a Cupertino, enfrentó serios problemas, incluso el riesgo de ser encarcelado junto a su familia debido a las deudas impagas de su difunto padre.
Acude Nuevamente a los conventuales
Tras múltiples gestiones de su madre, San José de Cupertino fue aceptado en el convento de Santa María de Grottella como oblato terciario. Los superiores pronto valoraron su humildad, obediencia y espíritu de mortificación, admitiéndolo en el noviciado a pesar de su falta de educación. Con esfuerzo, aprendió a leer y escribir en su lengua, y dominó un Evangelio en latín. En el examen para el diaconado, milagrosamente fue preguntado sobre ese Evangelio que conocía bien, lo que le permitió ser ordenado sacerdote el 4 de marzo de 1628, sin necesitar más pruebas, evidenciando la intervención divina.
Amor a la pobreza y popularidad del santo
Después de ser ordenado sacerdote, San José de Cupertino intensificó su vida de mortificación y fervor. Durante cinco años no comió pan y se abstuvo de vino por quince años. Su dieta consistía en hierbas amargas y frutas secas, y ayunaba durante siete cuaresmas anuales. Desde el jueves hasta el domingo, se sostenía únicamente con la Sagrada Comunión. Practicaba severas disciplinas corporales, como el uso de cilicio de hierro.
Frecuentemente tentado por el demonio, comprendió que la pobreza verdadera no era la ausencia de bienes, sino el desapego de ellos. Tras ser sacerdote, sus éxtasis se multiplicaron, ocurriendo al oír el nombre de Jesús. Aunque evitaba la ostentación, su santidad se hizo famosa, atrayendo multitudes que buscaban milagros. En una peregrinación por los conventos de Nápoles, su presencia movió pueblos enteros y obró milagros asombrosos.
Ante el tribunal de la inquisición
Un eclesiástico, creyendo que la fama de San José de Cupertino entre la plebe era fruto de la ignorancia, lo denunció a la Inquisición. A pesar de tres interrogatorios rigurosos, José fue declarado irreprochable. Durante una misa en Nápoles, en presencia de los fieles, levitó y voló alrededor del altar, cantando en honor a la Virgen.
Temiendo la atención del virrey, José huyó a Roma con fray Ludovico. Al llegar, se sintió indigno y decidió entrar como mendigo. En una audiencia con el Papa, fue arrebatado en éxtasis, quedando suspendido en el aire. Luego fue enviado al convento de Asís, donde sufrió su mayor prueba: incomprensión, duras críticas y tentaciones. Durante dos años, soportó esta desolación hasta que, debilitado, fue trasladado a Roma en 1644.
Ciencia maravillosa de un ignorante
Tras algunos meses, San José de Cupertino regresó a Asís, donde fue recibido con admiración por superiores, religiosos y el pueblo. Al entrar en la iglesia y ver una imagen de la Virgen, similar a la que veneraba desde joven, levitó impulsado por el amor divino para besarla, exclamando: «¡Oh Madre mía, sois Vos quien me ha traído aquí!». La multitud lo aclamó como santo, y el municipio lo nombró hijo adoptivo de Asís, un honor que valoró profundamente. Durante los nueve años que vivió allí, sus dones sobrenaturales se manifestaron con gran esplendor.
San José de Cupertino, aunque ignorante en ciencias humanas, poseía una profunda sabiduría religiosa gracias a su comunicación directa con Dios. Príncipes y prelados buscaban su consejo. A Juan Casimiro, príncipe de Polonia, le advirtió que no debía convertirse en eclesiástico, prediciendo que pronto ocuparía el trono de Polonia, lo cual ocurrió.
En 1649, el duque luterano de Brunswick, curioso por los milagros de José, presenció una misa donde el Santo, al intentar partir la Sagrada Forma, encontró resistencia. José explicó que esto se debía a la incredulidad del príncipe. Este evento y otro milagro, donde una cruz negra apareció en la Sagrada Hostia durante la elevación, conmovieron al duque, quien finalmente se convirtió al catolicismo.
De convento en Convento
Debido a la frecuencia de los milagros de San José de Cupertino, el Papa Inocencio X decidió investigar para evitar que se malinterpretaran como engaños. El inquisidor de Perusa lo envió al convento de los Capuchinos en Pietra Rubia, con la esperanza de que un entorno desfavorable reduciría los prodigios. Sin embargo, San José continuó realizando milagros, atrayendo a multitudes y causando tanto asombro que se construyeron albergues especiales para los visitantes.
Más tarde fue trasladado al convento de Fossombrone y luego al de Montevecchio. En este último lugar, tuvo un notable éxtasis al ver un corderillo, que le recordó al Buen Pastor, y permaneció suspendido en el aire con el cordero durante más de dos horas. Durante una misa en Pentecostés, al leer el himno «Veni Sancte Spiritus», sintió un torrente de amor que lo llevó a volar alrededor de la iglesia.
Últimos viajes y muerte
La hora de la partida se acercaba para San José de Cupertino. Aunque el papa Inocencio X había decidido su reclusión, su sucesor permitió que residiera en un convento, y fue enviado a Ósimo para pasar sus últimos días. Durante el viaje, vio la Santa Casa de Loreto y experimentó un éxtasis al observar a los ángeles descendiendo y ascendiendo. En Ósimo, vivió en una reclusión total durante seis años, con frecuentes éxtasis.
Desde octubre de 1663, una fiebre persistente debilitó su salud. Conoció la fecha de su muerte por revelación y se preparó con fervor. Celebró su última misa en la Ascensión, y al recibir el Viático el 17 de septiembre, dejó su cama sin tocar el suelo para recibir al Señor antes de entrar en agonía y morir al día siguiente. Su cuerpo está sepultado en la iglesia de Ósimo, donde se le venera. San José de Cupertino fue beatificado por el papa Clemente XIII el 16 de julio de 1767 y su fiesta se extendió a toda la Iglesia Universal el 8 de agosto de 1769 por Clemente XIV.
Fuentes
Biografía condensada de La Vida de los Santos por Edelvives.
Festividad: 18 de septiembre.
Nacionalidad: italiana.
Patrono de: Los examinados, pilotos, viajeros de avión, estudiantes.
Oración a San José de Cupertino
Oración a San José de Cupertino
Querido Santo, purifica mi corazón, transfórmalo y hazlo semejante al tuyo, infunde en mí tu fervor, tu sabiduría y tu fé. Muestra tu bondad ayudándome y yo me esforzaré en imitar tus virtudes. Gloria… Amable protector mío, el estudio frecuentemente me resulta difícil, duro y aburrido.
Tú puedes hacérmelo fácil y agradable. Esperas solamente mi llamada. Yo te prometo un mayor esfuerzo en mis estudios y una vida más digna de tu santidad. Gloria… Oh Dios, que dispusiste atraerlo todo a tu unigénito Hijo, elevado sobre la tierra en la Cruz, concédenos qué, por los méritos y ejemplos de tu Seráfico Confesor Jose, sobreponiéndonos a todas las terrenas concupiscencias, merezcamos llegar a El, que contigo vive y reina por los siglos de los siglos.
Amén.
Novena a San José de Cupertino
Novena a San José de Cupertino
Acto de contrición
Señor mío Jesucristo, Dios y Hombre verdadero, Creador, Padre y Redentor mío; por ser vos quien sois, bondad infinita, y porque os amo sobre todas las cosas, me pesa de todo corazón haberos ofendido; también me pesa porque podéis castigarme con las penas del infierno. Ayudado de vuestra divina gracia, propongo firmemente nunca más pecar, confesarme y cumplir la penitencia que me fuere impuesta.
Amén.
Oración
Gloriosísimo San José de Cupertino, protector de los examinandos, no desdeñéis las súplicas que os dirijo implorando vuestro auxilio en los exámenes de mis estudios.
Alcanzadme del Señor que, como verdadera fuente de luz y sabiduría, disipe las dos clases de tinieblas de mi entendimiento, el pecado y la ignorancia, instruyendo mi lengua y difundiendo en mis labios la gracia de su bendición.
Dadme agudeza para entender, capacidad para retener, método y facultad para aprender, sutileza para interpretar, y en el momento del examen, gracia y abundancia para hablar, acierto al empezar, dirección al progresar y perfección al acabar, si así conviene a la mayor gloria de Dios y provecho de mi alma. Amén.
Oraciones para cada día
Día Primero
Máxima: «El que tiene fe es señor del mundo.»
Jaculatoria: San José de Cupertino, espejo de fe, ruega por mí.
Día Segundo
Máxima: «Quien tiene esperanza en todo lugar, no hace poco.»
Jaculatoria: San José de Cupertino, espejo de esperanza, ruega por mí.
Día Tercero
Máxima: «Todo se debe hacer para volver propicia la misericordia divina hacia el prójimo.»
Jaculatoria: San José de Cupertino, fuente do caridad, ruega por mí.
Día Cuarto
Máxima: «En cualquier tentación, no confiéis nunca en vosotros mismos; mas levantando la mirada al Crucifijo, apoyaos enteramente en el Salvador, y luego nada, temáis, que Dios no dejaré de seros fiel si vosotros permanecéis con El.»
Jaculatoria: San José de Cupertino, modelo de humildad, ruega por mi.
Día Quinto
Máxima: «La obediencia es el más eficaz exorcismo contra el demonio.»
Jaculatoria: San José de Cupertino, modelo de prudencia, ruega por mí.
Día Sexto
Máxima: «Quien tiene paciencia en todo lugar, no hace poco.»
Jaculatoria: San José de Cupertino, modelo de paciencia, ruega por mí.
Día Séptimo
Máxima: «Los santos no se hacen en el Paraíso, sino en la tierra, por donde es necesario padecer en este mundo para poder gozar del Paraíso.»
Jaculatoria: San José de Cupertino, ejemplo de penitencia, ruega por mí.
Día Octavo
Máxima: «Refugio de pecadores, Madre de Dios, acuérdate de mi.»
Jaculatoria: San José de Cupertino, tesoro de gracia, ruega por mí.
Día Noveno
Máxima: «Siendo tú creado para amar y servir a Dios, te será pedida cuenta de si has amado a tu Creador.»
Jaculatoria: San José de Cupertino, hoguera de amor de Dios, ruega por mí.