San José libra de la muerte a un niño que se ahogaba en un río de Lima


En la ciudad de Lima, y pegada al puente de su río (el rió Rimac), tenía la Compañía de Jesús una residencia de la advocación de Nuestra Señora de los Desamparados.

Estando en ella un día de fiesta el venerable siervo de Dios Padre Francisco del Castillo, oyó mucho ruido y gritería en el río, y asomándose a ver lo que era, vio que un niño batallaba con la fuerza de la corriente, que venía crecida, y que era forzoso que topase con la muralla de uno de los arcos del puente, donde todos temían que se había de hacer pedazos, sin ser posible poderle socorrer, y por esta lástima era el alarido de los que le veían venir ahogándose.

Arrodillóse el siervo de Dios ante una imagen de San José, que estaba, como Patrón de la escuela de niños que había allí, en un altarcito, y habiendo hecho una breve oración al Santo Patriarca, se levantó y dijo:

— Gracias a Dios que pasó bien y está con vida, por la intercesión del glorioso San José.

Así fue que, sin saber cómo, se halló el niño, salvo en la orilla.

Este caso consta en los Procesos que se hicieron del siervo de Dios en orden a su beatificación.

Era él tan devoto del santo Patriarca, que predicando un día acerca de su Patrocinio, dijo que podía repetir lo que de sí afirmó Santa Teresa de Jesús: que no había pedido cosa a San José que no la hubiese alcanzado.