4 de Enero: Santa Angela de Foligno, Terciaria franciscana


santa Angela de Foligno

Santa Ángela de Foligno, T.O.S.F. (1248 – 4 de enero de 1309) fue una franciscana terciaria italiana que se hizo conocida como mística por sus extensos escritos sobre sus revelaciones místicas. Debido al respeto que esos escritos engendraron en la Iglesia Católica, fue conocida como «Maestra de Teólogos».


Día celebración: 4 de Enero.
Lugar de origen: Folligno, Italia.
Fecha de nacimiento: 1248.
Fecha de su muerte: 4 de enero de 1309,
Santa Patrona de: Personas que mueren en la infancia; gente ridiculizada por su piedad; viudas tentadas.


Contenido

– Introducción
– Origen y vida temprana
– Vida Mística
– Muerte
– Visiones
– Oración a Santa Angela de Foligno


Introducción

Santa Angela de Foligno es una de las grandes místicas y contemplativas de la Edad Media, junto con Santa Catalina de Siena y Santa Catalina de Génova. La beata tenia una personalidad muy caracteristica, y se la considera como una figura fuera de lo común, dentro del gran movimiento franciscano que ejerció una influencia tan grande en Italia central.

En muchos aspectos, Santa Angela de Foligno fue el polo opuesto de San Francisco de Asis, cuya vida fue eminentemente activa, en tanto que la de Angela fue exclusivamente contemplativa. San Francisco veía  a Dios en todas las criaturas; Angela veía a todas las criaturas en Dios. Pero los dos representan la misma realidad cristiana del amor gozoso.

Origen y vida temprana

Se conoce muy poco de la vida de la santa; ni siquiera sabemos cual era el apellido de su familia. Debió nacer hacia el año 1248. Pertenecia a una buena familia de Foligno, población en la que nació y vivió. Se casó con un hombre rico y tuvo varios hijos. Durante la primera parte de su vida, Angela fue mundana y poco devota. Según cuenta ella misma, no sólo era negligente y egoísta, sino verdaderamente pecadora.

Pero, en 1285, tuvo la famosa visión de la Verdadera Luz, ese llamamiento al amor en el sufrimiento, a la paz de los gozos mas duraderos que los del mundo. Su conversión fue súbita e impetuosa, exaltada y gozosa, como su carácter. Iluminada por la nueva luz, la beata comprendió que su vida, considerada por ella como innocua, y sin grandes ideales, era en realidad una vida de pecado.

Este convencimiento la movió a buscarla penitencia, el sufrimiento, el sacrificio, la renuncia total y alegre de quien lo pierde todo para encontrar el Todo, la fe victoriosa de su gran modelo, San Francisco de Asis, en cuya tercera orden ingresó.

Pero, a raíz de su conversión, la beata siguió viviendo en el mundo. Poco a poco se fueron desatando los lazos que la unían a él. Su madre, a la que profesaba un gran cariño que constituía un obstáculo a su nueva vida, murió al poco tiempo.

Algo más tarde, murió su esposo, y finalmente, sus hijos. Aunque el biógrafo de la beata se extiende en consideraciones sobre las maravillas de la Providencia, que le abrió así el camino de la perfección, Angela no era una mujer desnaturalizada y el hermano Arnoldo dice que sufrió enormemente con estos golpes. Pero su conversión había sido tan total e impetuosa, que todas las cosas, las penas y las alegrías constituían una viviente unidad, como en el caso de San Francisco. Para los franciscanos de aquella época, lo único que existía era el amor de Dios.

Lo poco que sabemos sobre la vida de Angela nos ha sido transmitido por el hermano Arnoldo, el franciscano que fue su confesor y consiguió que la beata le dictase un relato de sus visiones. Arnoldo narra que Angela renunció a todas sus posesiones y que lo ultimo que vendió fue un “castillo” por el que sentía especial predilección. Este sacrificio le había sido exigido en una visión, junto con la invitación a abrazar la pobreza franciscana, si quería ser perfecta.

Arnoldo nos cuenta que, cuando él leía a Angela lo que había escrito, la beata le decía que no la había entendido y que había interpretado mal sus palabras; otras veces decía que sus visiones parecían blasfemias al formularlas en palabras.

Arnoldo previene al lector contra el escándalo que podrían producirle los éxtasis de la beata y se hace notar que, cuanto mas altas eran las visiones, mayor era la humildad de Angela: Así pues, cuando la sierva de Dios dice que Dios la levantó “para siempre” a un nuevo estado de gozo y de luz, sus palabras no tienen nada que ver con la presunción y el orgullo espiritual, sino que significan simplemente que progresaba de continuo en la virtud y que iba adquiriendo un conocimiento mas claro de Dios y una soledad espiritual no experimentada anteriormente.

Alrededor de Angela se formé un grupo de terciarios y terciarias franciscanos. El hermano Arnoldo nos dice que le era especialmente adicta “una virgen cristiana” que vivía con ella.

Esta compañera de Angela no carecía de respeto humano. En efecto, un día en que las dos caminaban fuera de Foligno (tal vez  en las colinas de Spello o de Asis, o a lo largo de la llanura que se extiende hasta Rivoroto y Santa Maria degli Angeli), Angela entró en éxtasis: su rostro se puso resplandeciente y sus ojos parecían lanzar llamas; su compañera, muy turbada, pensó que daría buen ejemplo, cubriéndose el rostro y aconsejando a Angela que hiciera lo propio, pues sus ojos brillaban extraordinariamente.

– Ocúltate, esconde tus ojos de las miradas de los hombres. Qué van a decir de ti?

Angela respondió:

– Eso no tiene ninguna importan si encontramos a alguien, Dios nos protegera.

Arnoldo añade que la compañera de la beata tuvo que acostumbrarse a ese género de episodios, pues los éxtasis la sorprendían en los momentos mas inesperados. Un Jueves Santo, Angela dijo a su compañera:

“Vamos a buscar a Jesucristo; tal vez le encontraremos en el hospital, entre los pobres y enfermos”.

Como no podan ir con las manos vacías, y lo único que poseían eran sus velos, que apreciaban tanto, la beata no tuvo reparo en venderlos para comprar algunos alimentos, «Y así», dice la misma Angela, «pudimos ofrecer algo a los enfermos del hospital; después lavamos los pies a las mujeres y las manos a los hombres, pues era una pena verles solos y abandonados en sus miserables lechos. En particular, un pobre leproso quedó muy consolado».

 

Muerte

En el camino de vuelta experimentaron una gran consolación del cielo y así encontraron a Jesucristo aquel Jueves Santo. De esta suerte pasé aquella vida extraordinaria de gran sencillez y abrumadoras gracias espirituales, hasta que, a fines de 1308, la beata sintió que se acercaba la hora de la muerte. Reunió pues, a todos sus hijos espirituales, los bendijo imponiendo las manos a cada uno les hizo una Ultima exhortación a la total confianza en Dios.

La Beata Angela murió gozosa y apaciblemente el 4 de enero de 1309. Poseemos, ademas, otro detalle de su vida. Ubertino di Casale ingresó en la orden de los frailes menores en 1273. Durante catorce años Ilevó una vida ejemplar. Era un hombre de gran saber, famoso en varias universidades.

Al cabo de esos catorce años, Ubertino decayó del primer fervor y empezó a llevar una vida licenciosa. El mismo narra que conoció a la Beata Angela de un modo maravilloso, aunque no entra en detalles sobre el hecho, y que ella le demostré que podía leer su pensamiento. “Dios hablaba por su boca”, según la expresión de Ubertino. Este se convirtió sinceramente y, en su narración indica que él fue solamente uno de los muchos que debían a Angela la vida del alma.

Vida Mística

Cierto que conocemos pocos detalles sobre la existencia diaria de la beata; en cambio, sus escritos nos dan una idea clara de su vida interior. “Yo, Angela de Foligno, tuve que atravesar dieciocho etapas del camino de penitencia, antes de comprender toda la imperfección de mi vida”.

El primero de esos pasos o etapas fue la conciencia del pecado, a la que siguieron la vergüenza de la confesión, la misericordia de Dios, el propio conocimiento y la cruz de Cristo. En la novena etapa, que la beata Ilamó “el camino de la cruz”, renunció a los vestidos elegantes y a los manjares delicados; pero esto le costaba todavía mucho, pues no estaba aún poseída por el amor divino.

En la décima etapa tuvo la visión de Jesucristo en respuesta a su oración: “;Qué debo hacer para agradarte?” La visión de Cristo y de su Pasión le revelé la pequeñez de sus propios sufrimientos y la beata cuenta que lloré tanto y tan amargamente, que durante mucho tiempo tuvo que enjuagarse los ojos con agua fría. Después de la visión de la cruz, vino el conocimiento de la verdadera penitencia, que le levé a abrazar una vida de pobreza absoluta.

Así fue ascendiendo poco a poco, conociendo cada vez mas a fondo la Pasión de Cristo. Dios mismo le enseño a orar por medio del Padrenuestro. La beata empezó a distinguir las gracias que provenían de la Santísima Virgen y en la décima octava etapa llegó a tal unión con Dios y a tal dulzura en la oración, que se olvidaba de comer.

Angela nos cuenta que había habitado en dos abismos, uno hacia arriba y el otro hacia abajo. En la décima octava etapa fue arrebatada del abismo superior, como lo prueba el terrible capitulo que nos dejó sobre sus tentaciones.

Se sentía privada de todos los buenos deseos y pensamientos. El demonio la asaltó con las mas repugnantes tentaciones de los sentidos, infundiéndole el deseo de cometer pecados de los que nunca había oído hablar. Finalmente apareció de nuevo la luz y la beata tuvo un corto respiro. El otro abismo fue el de las tentaciones de falsa humildad, de excesiva reconcentración en si misma y de escrúpulos. Se sentía violentamente inclinada a desgarrar sus vestidos y correr desnuda por las calles, con un collar de carne cruda y pescados, gritando:

“He aquí a la mas infame de las mujeres, que huele a vicio y mentira y los difunde por donde quiera que pasa. Eso es lo que yo soy, pura podredumbre. Hago creer a todos que no como carne ni pescado, pero en realidad soy una glotona muy dada a la bebida. Hago creer a todos que mis vestidos son ásperos, pero de noche duermo en colchones de plumas, que oculto por la mañana.”

La beata intenté hacer creer estas acusaciones a los franciscanos y a sus hijas espirituales. Finalmente, se vio libre de esta maldición de la falsa humildad, pero cayó en el otro extremo del orgullo espiritual. Se sentía amargada y malhumorada. Esta tentación empezó en 1294 y duré dos años, hasta que Dios la sacó de aquel abismo y le dio a gustar su infinita bondad. Y así fue creciendo Angela en el gozo espiritual, la nota característica de los primeros hijos de San Francisco de Asis.

En múltiples visiones, Dios le dio a conocer su amor, su bondad y su ternura; y la beata fue penetrando cada vez mas a fondo en el principio básico del Pobrecito de Asis, que reducía todas las cosas al amor. En la etapa de la plena unión con Dios, aun las mismas enseñanzas de la Sagrada Escritura sobre Dios y sobre la vida de Cristo eran mas bien un estorbo, pues en Dios leía Angela palabras mas altas e imposibles de expresar.

Cuando volvía en si de tales experiencias, se sentía invadida de paz y llena de amor “aun por los demonios.” Perdida en el amor, hasta la Pasión de Cristo se convertía en motivo de gozo. En ciertos momentos contemplaba el cuerpo del Señor, muerto por nuestros pecados, pero otras veces el placer del amor hacia desaparecer todo el dolor de la Pasión. Así pues, concluye Angela, “la Pasión es para mi como un camino resplandeciente de vida”.

Una gran parte del libro de las visiones esta Ilena de descripciones extraordinariamente vividas, pero siempre respetuosas, de los sufrimientos y la crucifixión de Cristo. La beata parece elevarse cada vez mas sobre los dolores y sufrimientos, siguiendo el ejemplo de Cristo, quien “dejé de lado el gozó que se le proponía y abrazó la cruz, sin tener en cuenta la humillación”. Angela narra que en cierta ocasión en que asistía a una representación de la Pasión, al aire libre, como se acostumbraba en la Edad Media, se sintió tan transportada de felicidad que le parecía haber sido introducida en la herida del costado de Cristo.

Visiones

Dios le concedió grandes favores y visiones durante la misa y la comunión. Una de las últimas visiones de las que habla la beata es la de la Paz. Turbada por alguna cosa, Angela había perdido la alegría y la tranquilidad. Dios le reveló entonces que le había hecho mas favores que a cualquier otro de los habitantes de Espoleto. La beata pregunté que por qué se sentía tan abandonada de su mano. En respuesta, recibió una exhortación a la confianza total y poco a poco, se hizo en su alma una paz superior a la que había experimentado hasta entonces.

El libro termina con la visión que la beata en la que habla de la felicidad de quienes conocen a Dios, no a través de su dones, sino en si mismo. “Señior —exclama Angela—, dime qué quieres de mi, pues soy toda tuya. Pero no se me dio ninguna respuesta. Oré desde la hora de maitines hasta la hora de tercia y entonces vi y oí”.

Lo que vio fue un abismo de luz, un abismo sobre el que la verdad de Dios se extendía como un camino por el que pasaban los que iban a El y los que se apartaban de El. Y la voz de Dios le dijo: “En verdad te digo que el único camino de salvación es seguir mis pasos desde la cruz sobre la tierra, hasta la luz que estas contemplando”. Y las palabras divinas se hicieron cada vez más claras y distintas, y el camino se inundé de luz, hasta donde alcanzaba la vista.

Oración a Santa Angela de Foligno

Santa Angela de Foligno | Fuentes
La vida de los Santos por Butler