Jean Beleth; teólogo y liturgista medieval, escribió a mediados del siglo XII (1160-1180) su obra titulada «Summa de Ecclesiasticis Officiis» (sobre los oficios eclesiásticos). En ella, el autor recoge historias que eran trasmitidas por la tradición y que de alguna manera, tenían la intención de explicar la liturgia. En el ciclo dedicado a la Santa Cruz, podemos encontrar la siguiente historia:
Se dice que Adán, sufriendo de gota, envió a su hijo [Set] al Paraíso para pedir al ángel el permiso de tomar una rama [del árbol de la vida como remedio], y conociendo el misterio del árbol, le plantó en tierra y se convirtió en un gran árbol. Más tarde, cuando se construyó el Templo, se reunieron árboles de todas partes del mundo, y este fue desdeñado y apartado como inútil. Luego fue casi enterrada bajo los cimientos de la ciudad. Pero cuando entró la reina de Saba, no quiso transitar sobre ella sino que la adoró. Más tarde, fue puesta en la piscina probática, que fue desecada en tiempo de la Pasión de Cristo, y como no encontraron un leño más apropiado, crucificaron al Señor en este.



