Se difunde en estos días, la noticia de la consagración de cuatro obispos de la Fraternidad Sacerdotal San Pio X (FSSPX), por su Superior General, Davide Pagliariani, quienes han sido declarados en excomunión, mediante un decreto publicado el 2 de Julio por el Dicasterio para la Doctrina de la Fe. El decreto fue firmado por Víctor Manuel Fernández, su prefecto… Este hecho, habría constituido, un acto de desobediencia, que conlleva de manera intrínseca, un «rechazo al primado romano». Así, se habría finalmente «consumado» el tan mediático «cisma».
Un poco de contexto
Para quienes no conocen a Monseñor Marcel Lefebvre y las razones que motivaron su salida de la Roma conciliar, mismas que posteriormente le condujesen a la fundación de la fraternidad sacerdotal San Pio X (FSSPX), es necesario proporcionar por lo menos algo de contexto.
Luego del Concilio Vaticano II, del que él tomáse parte como uno de los padres conciliares y líder del Coetus Internationalis Patrum, un grupo de obispos conservadores, erige canónicamente el 1 de noviembre de 1970 y con la aprobación del obispo de Friburgo, la Fraternidad Sacerdotal San Pio X.
La orden establecida en Écône, Suiza, vio un rápido crecimiento, pues muchos miembros del clero que rechazaron los cambios producidos por y tras el Concilio (cambios en liturgia, relajación de la disciplina, el abandono de las practicas tradicionales y un largo largo etc.) encontraron refugio dentro de esta fraternidad.
Refiriéndose precisamente a estas reformas, diría:
«Roma modernista y liberal continúa su obra destructora del Reino de Nuestro Señor Jesucristo.»
Carta a los futuros obispos de la FSSPX
Las visitas apostólicas…
Roma, temiendo que la FSSPX se convirtiese en un centro organizado de oposición a determinadas reformas postconciliares, envía en Noviembre de 1974, dos visitadores apostólicos al seminario de Ecône. Estas visitas, fueron en la práctica, el inicio de un proceso, destinado a suprimir la fraternidad.
La cita que viene a continuación, resume mas concretamnte la postura de la FSSPX frente a los visitadores:
«Nos adherimos con todo nuestro corazón a la Roma católica, guardiana de la fe; rechazamos, en cambio, la Roma de tendencia neomodernista y neoprotestante…»
Declaración de 1974
El informe y la posterior sanción
El informe producido tras estas visitas, filtrado y citado en fuentes históricas y eclesiales, concluyó que en el seminario había resistencia o rechazo a varias enseñanzas del Concilio Vaticano II y que además se observó un, ambiente claramente crítico hacia la autoridad de la «Santa Sede» y las reformas postconciliares. Meses más tarde, por estas y otras razones similares, Roma decide retirar el reconocimiento canónico a la FSSPX.
A pesar de esta sanción, la fraternidad continuó funcionando de facto. Es decir, a pesar de no contar con un estatus jurídico que la legitimase, continuó formando sacerdotes en el seminario de Écône. La ruptura final llegaría en 1976 con la ordenación de sacerdotes sin permiso, hecho por el cual, monseñor Lefebvre sería suspendido a divinis es decir, se le prohibió ejercer el ministerio.
El pensamiento de Lefebvre
En varios documentos internos escritos antes de las consagraciones episcopales de 1988, monseñor Lefebvre escribiría:
«Esta actitud nos ha valido la persecución de la Roma del Anticristo, Roma modernista y liberal que continúa la destrucción del Reino de Nuestro Señor Jesucristo».
Boletín interno en Rickenbach, 16 febrero 1980
Unos años mas tarde escribiría:
«La Cátedra de Pedro y los puestos de autoridad en Roma están ocupados por anticristos…»
Carta Adveniat Regnum tuum a 4 sacerdotes/obispos (29 agosto 1987)
Para monseñor Lefebvre la Iglesia atraviesa una crisis profunda causada por la orientación postconciliar; por eso, es legítimo mantenerse fiel a la Tradición, incluso entrando en conflicto con las autoridades actuales de Roma, aunque sin negar la estructura esencial de la Iglesia. Para esto identifica que:
1.- Hay una crisis profunda en la Iglesia a consecuencia del CVII.
2.- El Vaticano II es precisamente el punto de inflexión.
3.- Ahora existe una ruptura con la tradición.
4.- Se introdujeron novedades y doctrinas «peligrosas».
5.- Roma está en la apostasía y se ha convertido en la sede del anticristo.
6.- Se diferencia entre la Roma eterna y la Roma Modernista.
7.- Es necesario resistir las novedades del CVII.
Creo que esto alcanza y sobra para colocar al lector en un contexto mas concreto, que presenta las razones por las que se funda la FSSPX, su postura frente a las innovaciones del Concilio Vaticano II y el pensamiento de Monseñor Lefebvre detrás de todo ello.
En contraste: El pensamiento de Pagliariani
En la actualidad, la FSSPX está bajo la dirección del Superior General, Davide Pagliariani, quien se ha caracterizado por tener un espíritu mucho muy diferente al de su fundador. Para quienes hemos venido siguiendo los acontecimientos relacionados con Roma y la FSSPX, no es difícil distinguir, que el pensamiento o espíritu fundacional de la fraternidad, se ha ido «diluyendo» si puede así decirse, con el pasar de los años.
En documentos publicados recientemente en diferentes webs especializadas, previos a la consagración de obispos del día 2 de julio del 2026, se pueden leer textos, que difícilmente guardan la esencia del pensamiento de su fundador. Por ejemplo, el 14 de mayo del 2026, Davide Pagliariani publicaría un breve documento titulado «Déclaration de foi catholique adressée au pape Léon XIV» / «Declaración de fe católica dirigida al Papa León XI».
Por medio del texto que sigue, la FSSPX se complace en expresar a Vuestra Santidad, filial y sinceramente, en las presentes circunstancias, su adhesión a la fe católica, sin ocultar nada ni a Vuestra Santidad ni a la Iglesia universal.
La Fraternidad pone esta sencilla Declaración de Fe en Vuestras manos. Nos parece corresponder al mínimo indispensable para poder estar en comunión con la Iglesia, llamarnos verdaderamente católicos y, por consiguiente, hijos Vuestros.
No tenemos otro deseo que el de vivir y ser confirmados en la fe católica romana. […]
Es en esta fe y en estos principios donde pedimos ser instruidos y confirmados por Aquel que ha recibido el carisma para hacerlo.
Qué podemos concluir de todo esto los católicos?
Quienes hemos tenido que padecer comentarios provenientes de la alta jerarquía de la Iglesia tales como «Jesús se hizo un poco el tonto», «María fue una chica normal», «No es oportuno llamar a María ni co-redentora ni medianera», «el Infierno no existe y si existe está vacío», para quienes hemos tenido que ver espectáculos tan lamentables como la procesión de la Pachamama llevada en andas por obispos dentro del complejo vaticano…en el actual contexto, nos podríamos preguntar, cual hubiese sido la reacción de Monseñor Lefebvre al tener que ser testigo de semejantes abominaciones y peor aún, al tener que leer en un documento publicado en el sitio oficial de la FSSPX en el que el superior se declara así mismo «hijo» de la Roma «verdaderamente católica» y a la que él consideró por lo menos apóstata… ?
Los que por lo menos intentamos – con todos nuestros vicios y defectos- en nuestras vidas diarias ser católicos, necesitamos hoy más que nunca, aferrarnos a las enseñanzas de la tradición.
Pareciera que con el pasar de los años, las tinieblas se van esparciendo más sobre la tierra, cosa que provoca pavor. Lamentablemente, este pavor no proviene del hecho en si, sino del verlas extenderse por toda la tierra con su siniestra influencia, de la indiferencia y la ignorancia de la inmensa mayoría de católicos, quienes las más de las veces ya ni siquiera son capaces de discernir entre la luz y las tinieblas. Y peor aún, hay muchos quienes parecieran estar verdaderamente a gusto en ellas y llegan incluso a defenderlas, lanzándose en contra de aquellos que quieren por el contrario, que brille en todo el firmamento el Sol de justicia que es nuestro Señor.
Que Nuestro Señor Jesucristo, nos alcance las gracias bastantes para poder salir victoriosos del mundo, tal y como lo prometiese a los devotos de su Sagrado Corazón. Que la Santísima Virgen María, Trono de la sabiduría, ilumine las mentes y los corazones de sus hijos predilectos, los sacerdotes, para que, como hiciera el casto San José con la Sagrada Familia, puedan liderar a sus fieles por el camino que es verdaderamente grato a Dios y podamos ser contados al fin, entre el número de sus escogidos.



