Sobre la imagen de la Divina Misericordia


Nuestro Señor muestra al incrédulo santo Tomás la herida ocasionada por la lanzada en su costado.

Seguramente el lector, debería considerar el leer primero este otro artículo, que explica con más detalle, las razones que tuvo la Iglesia para condenar, no una, sino dos veces, la devoción de la Divina Misericordia.

A modo de resumen que sirva de introducción al presente texto, quizás valga recalcar, que la devoción completa (incluidos todos los textos de sor Faustina) fueron colocados en el ahora desaparecido Index Librorum Prohibitoprum (Indice de Libros Prohibidos) que fuese formalmente abolido el 14 de junio de 1966. Esta condena, incluía la publicación de la imagen relacionada a esta devoción, e incluso se ordenó en su momento, la remoción de las mismas allí donde fuese que se hubieren exhibido.

Las Sagradas Escrituras y la importancia de las heridas de la crucifixión

Al atardecer de aquel primer día de la semana, estando reunidos los discípulos a puerta cerrada por temor a los judíos, entró Jesús y, poniéndose en medio de ellos, los saludó.

—¡La paz sea con ustedes!

Dicho esto, les mostró las manos y el costado. Al ver al Señor, los discípulos se alegraron.

—¡La paz sea con ustedes! —repitió Jesús—. Como el Padre me envió a mí, así yo los envío a ustedes.

Acto seguido, sopló sobre ellos y les dijo:

—Reciban el Espíritu Santo.  A quienes les perdonen sus pecados, les serán perdonados; a quienes no se los perdonen, no les serán perdonados.

Tomás, al que apodaban el Gemelo,[a] y que era uno de los doce, no estaba con los discípulos cuando llegó Jesús. Así que los otros discípulos le dijeron:

—¡Hemos visto al Señor!

Mientras no vea yo la marca de los clavos en sus manos, y meta mi dedo en las marcas y mi mano en su costado, no lo creeré —repuso Tomás.

Una semana más tarde estaban los discípulos de nuevo en la casa, y Tomás estaba con ellos. Aunque las puertas estaban cerradas, Jesús entró y, poniéndose en medio de ellos, los saludó.

—¡La paz sea con ustedes!

Luego le dijo a Tomás:

—Pon tu dedo aquí y mira mis manos. Acerca tu mano y métela en mi costado. Y no seas incrédulo, sino hombre de fe.

—¡Señor mío y Dios mío! —exclamó Tomás.

—Porque me has visto, has creído —le dijo Jesús—; dichosos los que no han visto y sin embargo creen.

Jesús hizo muchas otras señales milagrosas en presencia de sus discípulos, las cuales no están registradas en este libro. Pero estas se han escrito para que ustedes crean que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, y para que al creer en su nombre tengan vida.

Santo Tomas de Aquino y las heridas de Cristo

A la izquierda la imagen pintada por Eugenio Kazimirowski y la derecha la pintada por Adolfo Hyla.

Hay quienes toman la cuestión 54 de la sección 4 de la Suma Teológica titulada ¿El cuerpo de Cristo debió resucitar con las cicatrices? en defensa de la imagen del Cristo de la Divina Misericordia. Sin embargo, el santo doctor refuta tal argumentación como veremos a continuación.

Objeciones por las que parece que el cuerpo de Cristo no debió resucitar con las cicatrices.

1. En 1 Cor 15,52 se dice que los muertos resucitarán incorruptos. Pero las cicatrices y las heridas implican una cierta corrupción y una especie de defecto. Luego no fue conveniente que Cristo, autor de la resurrección, resucitase con las cicatrices.

2. El cuerpo de Cristo resucitó íntegro, como acabamos de decir (a.3). Pero las aberturas de las heridas son contrarias a la integridad del cuerpo, porque rompen la continuidad del cuerpo. Luego no parece haber sido conveniente que quedasen en el cuerpo de Cristo las aberturas de las heridas, aun cuando permaneciesen en él ciertas señales de éstas; las suficientes para la figura ante la que creyó Tomás, a quien le fue dicho: Porque me has visto, Tomás, has creído (Jn 20,29).

Ahora, veamos a continuación la respuesta del santo doctor de la Iglesia al respecto:

Respuesta

Fue conveniente que el alma de Cristo reasumiese, a la hora de la resurrección, el cuerpo con las cicatrices.

Primero, por la gloria del propio Cristo. Dice, en efecto, Beda, In Lúe., que conservó las cicatrices no por la incapacidad de curarlas, sino para llevar siempre los honores del triunfo de su victoria. […]

Segundo, para confirmar los ánimos de los discípulos en lo tocante a la fe de su resurrección.

Tercero, para mostrar siempre al Padre, al rogar por nosotros, la clase de muerte que sufrió por el hombre.

Cuarto, para dar a conocer a los redimidos con su muerte cuan misericordiosamente fueron socorridos, poniéndoles delante las señales de esa misma muerte.

Que dice San Agustín

Finalmente, para hacer saber en el mismo lugar cuan justamente son condenados en el juicio. De donde, como escribe Agustín, en el libro De Symbolo, Cristo sabía la razón de conservar las cicatrices en su cuerpo. Así como las mostró a Tomás, que no estaba dispuesto a creer sin tocar y ver, así también habrá de mostrar sus heridas a los enemigos, para que, convenciéndolos, la Verdad diga: He aquí el hombre a quien crucificasteis. Veis las heridas que le hicisteis. Reconocéis el costado que atravesasteis. Porque por vosotros, y por vuestra causa, fue abierto; pero no quisisteis entrar.

La imagen de la Divina Misericordia

La imagen de la Divina Misericordia (también conocida como «Jesús misericordioso») es un cuadro que muestra la supuesta visión de Jesús que tuviese María Faustina Kowalska el día 22 de febrero de 1931. En ella se ve a Jesucristo irradiando luz roja y blanca pálida desde su pecho. Faustina escribió en su diario unas promesas de Jesús en relación a esta imagen:

Al anochecer, estando en mi celda, vi al Señor Jesús vestido con una túnica blanca. Tenía una mano levantada para bendecir, y con la otra tocaba la túnica sobre el pecho. De la abertura de la túnica en el pecho, salían dos grandes rayos: uno rojo y otro pálido. En silencio, atentamente miraba al Señor, mi alma estaba llena del temor, pero también de una gran alegría. Después de un momento, Jesús me dijo: «Pinta una imagen según el modelo que ves, y firma: ‘Jesús, en Ti confío.'»

Maria Faustyna Kowalska, Diario, 47

La primera representación de la imagen fue pintada originalmente por Eugenio Kazimirowski en 1934. Se dice que Faustina lloró al ver que la imagen no hacia mérito a la belleza de nuestro Señor, razón por la a Congregación de la Hermanas de la Madre de Dios de la Misericordia en 1942 encargó una segunda pintura. Esta vez, el artista fue a Estanislao Batowski. Sin embargo, la capilla y la imagen fueron consumidas por el fuego durante la insurrección de Varsovia.

Por aquellos días, el pintor Adolfo Hyla llegó a la casa cracoviana de la Congregación con la propuesta de pintar un cuadro como voto por haberse salvado en la guerra. Le dieron una estampa de la Divina Misericordia y las descripciones de Santa Faustina. El pintor terminó el cuadro en 1943 y fue bendecida en la capilla por el P. Andrasz, confesor de Faustina.

Las manos y el pecho de la imagen de la Divina Misericordia

Resalta a simple vista, la ausencia de las marcas o heridas que dejasen los clavos en las manos de Nuestro Señor debido a la crucifixión. Aún con un acercamiento en alta resolución, no es posible encontrarlas. En el mejor de los casos, la mano izquierda parecería¿hacer un gesto de paz y en conjunto con la derecha ¿parecería dirigir los rayos de luz que salen del pecho?

Las heridas de los clavos no son visibles en ambas manos en ninguna de las imágenes de la Divina Misericordia.

 

Los rayos de color blanco y rojo salen de su pecho.

La imagen del Sagrado Corazón de Jesús

En las imágenes que representan al Sagrado Corazón de Jesús, se perciben a simple vista tres elementos primordiales vinculados con nuestra redención. Los primeros y más obvios, son las marcas de los clavos de la crucifixión en ambas manos. El segundo elemento es el Sagrado Corazón de nuestro Señor, que por amor al hombre padeció terrible muerte de cruz. Y por ultimo, la corona de espinas alrededor de este corazón, que visiblemente arde de amor por el hombre. Este fue el precio que pagó, el sacrificio que Él hizo por nuestra redención.

Nuestro Señor Jesucristo se ofreció a sí mismo debido a su ardiente amor por nosotros, a pesar de que somos criaturas desagradecidas, que se rebelaron contra nuestro Creador. Así, la imagen del Sagrado Corazón encapsula todo este significado.

Los gestos de las manos del Sagrado Corazón

Adicionalmente, en las imágenes más tradicionales del Sagrado Corazón de Jesús, existe un simbolismo específico detrás del gesto de la mano de la bendición. Los posición de los dedos deletrean «IC XC«, una abreviatura común de cuatro letras del nombre griego para Jesucristo, pues es por el nombre de Cristo recibimos nuestras bendiciones.

Otro gesto bastante común que se encuentra en la iconografía y que tiene un simbolismo aún más profundo, son los tres dedos. Estos representan y dan fe de la Trinidad: Padre, Hijo y Espíritu Santo. Los dedos que se tocan con el pulgar, representan la «C» de Cristo, pero también representan la Encarnación, la unión de las naturalezas divina y humana de Nuestro Señor.

Por las razones presentadas en el presente artículo, no substituya en su hogar la imagen del Sagrado Corazón por la de la divina misericordia. Antes, tenga a bien colocar una en un lugar de importancia de su hogar y entronícela de ser posible.

Oración

¡Oh Corazón de Jesús!, Tú manifestaste el deseo de reinar en las familias cristianas; Hoy venimos a proclamar tu absoluto dominio sobre la nuestra. Queremos vivir, de hoy en adelante, de tu misma vida, y desterrar lejos de nosotros el espíritu mundano que Tú condenaste. Queremos que reines en nuestros entendimientos por la sencillez de nuestra fe, y en nuestros corazones por tu amor, los cuales arderán para Ti procurando mantener vivo este amor con la frecuente comunión de tu Cuerpo y Sangre. Dígnate ¡oh Corazón de Cristo! Presidir nuestras reuniones, bendecir nuestras empresas espirituales y temporales, santificar nuestras alegrías y consolar nuestras penas. Danos un corazón manso y humilde como el tuyo, para que reine la paz en nuestro hogar. Si alguna vez alguno de nosotros tiene la triste desgracia de ofenderte, recuérdale ¡oh Corazón de Jesús!, que eres bueno y misericordioso con los corazones arrepentidos.

Y cuando llegue la hora de la separación, cuando venga la muerte a sembrar el luto en medio de nosotros, que todos, tanto los que se vayan como los que se queden, estemos conformes confiando en tus bondadosos designios. Nos consolará saber que llegará un día en que toda la familia, reunida en el cielo, podrá cantar eternamente tu bondad y misericordia con nosotros. Te ofrecemos esta consagración por medio del Corazón Inmaculado de María. Que el Glorioso Patriarca San José se encargue de recordárnosla todos los días de nuestras vidas. Amén.

D- Sagrado Corazón de Jesús.
R- En Vos confío
D- Dulce Corazón de María.
R- Sed la salvación del alma mía.
D- San José.
R- Ruega por nosotros.

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