Esta pregunta fue formulada por un lector al editor del sitio Tradition In Action.
Pregunta:
Un amigo me ha pedido que pregunte si la Iglesia ha hablado alguna vez con claridad sobre lo que hoy se ha convertido casi en una obsesión en nuestros días, es decir, los tatuajes, de todo tipo, tamaño y temática, en sus cuerpos, particularmente en adolescentes.
La amiga de su hija se ha puesto uno enorme en la espalda, con un tema supuestamente cristiano, y se preguntó si estaba bien habérselo hecho. La respuesta inmediata de su madre, por supuesto que si, total, si estaba en su espalda, ¡quién se lo vería excepto cuando fuese a nadar!
Esta es una ‘moda’ muy preocupante hoy en día, y también realmente quiero saber qué puede haber pronunciado la Iglesia al respecto.
¿Puede dirigirme a una fuente de información sobre este tema?
Gracias. Dios los bendiga.
L.S.
Responde el sacerdote Stephen Somerville:
Estimado L.S.,
Cuando el editor del sitio web TIA me propuso su pregunta sobre el tema de los tatuajes, se me ocurrió que existe una cierta similitud entre el efecto de los tatuajes en el cuerpo de una persona y los efectos de los sacramentos en el alma de un católico.
La Santa Iglesia Católica, extensión de Jesucristo en el tiempo y el espacio, invita a los hombres al Bautismo y a la Confirmación, Sacramentos que confieren una marca indeleble y permanente, denominada por los teólogos “carácter”, en el alma del creyente. El tatuaje confiere igualmente una marca indeleble en el cuerpo de una persona. Esa marca puede resultar ofensiva para Cristo.
El tatuaje está en el cuerpo, pero bien puede influir en el alma. San Pablo nos dice:
“¿No sabéis que vuestros miembros (corporales) son el templo del Espíritu Santo, que está en vosotros, a quien tenéis de Dios, y que no sois vuestra (propiedad)? Pues habéis sido comprados a precio muy alto».
(1 Cor 6: 19-20)
Así es el cristiano. Seguramente las marcas de tatuajes en el cuerpo son indecorosas, si no realmente ofensivas para el templo de Dios.
¿Esta opinión está respaldada por las Escrituras? ¿Era el tatuaje un problema antes de que Cristo viniera a llamar, incorporar y marcar espiritualmente a sus seguidores? Sí, lo era.
Desde la antigüedad, los pueblos paganos se cortaban el cuerpo cuando lloraban a una persona fallecida o honraban a un dios pagano. Recordamos a los falsos profetas de Baal por un lado, y a Elías, profeta del Dios verdadero. Elías los desafió a traer fuego del cielo sobre su altar de sacrificio, y ellos respondieron con horas de cánticos, saltos y “cortándose con cuchillos a su manera” (3 Reyes 18:28). Pero no vino ningún fuego hasta que solo Elías lo pidió al Dios verdadero(v. 38).
No nos sorprende ver que Moisés, el gran legislador de Dios, hubiese legislado mucho antes:
“No haréis en vuestra carne ningún corte por muerto, ni os haréis ninguna figura o marca. Yo soy el Señor”.
(Levítico 19:28)
Entonces, Moisés prohibió a los israelitas no solo cortarse, sino también hacer figuras o marcas en sus cuerpos. Aquí se descarta claramente la práctica del tatuaje. Esta prohibición ayudaría a salvar a los israelitas de imitar las costumbres falsas y depravadas de sus vecinos paganos.
El Papa Pío XII, hablando en 1945 a los entusiastas del deporte y a los atletas, señaló su cuidado por el cuerpo. Ahora bien, este cuidado puede convertirse en un culto, es decir, en una falsa adoración del yo si el atleta es ateo y materialista, adorando el cuerpo perfecto de carne. Pero el católico ve el cuerpo humano como creado por Dios como la última y más elevada de todas las cosas visibles, como la obra maestra de Dios, hecha «a imagen y semejanza de Dios» con su alma espiritual que la informa. Este cuerpo humano no debe desfigurarse.
Entonces, ¿la practica de tatuarse es lícita para los católicos? Sin querer exagerar lo que puede ser un asunto menor, juzgo que hablo con la mente de la Iglesia cuando digo que tatuarse es al menos indecoroso para un católico. Seguramente podría debilitar la fe en Cristo que alguien colocara una marca permanente que no sea de Cristo en su cuerpo. Nuestro cuerpo es el templo del Espíritu Santo, dice San Pablo. Que ese templo sea preservado de marcas indignas.
En Cristo Jesús.
P. Stephen Somerville
