Cuando falta la verdadera fe, el hombre busca sucedáneos.
En estos tiempos de alejamiento de Dios, donde la práctica religiosa afloja, la formación cristiana está ausente y la fe en baja, en tantos bautizados; por todas partes proliferan los sucedáneos. Quizás el más extendido, a juzgar por la publicidad de los diversos medios, es la práctica del tarot. Personas de toda clase y condición – casi siempre alejadas de toda práctica religiosa – recurren al juego del tarot, con la pretensión de descubrir su destino a través de las cartas. El tarot es una baraja de 78 naipes, más largos y con figuras distintas de los ordinarios, dedicada a los juegos de adivinación o cartomancia.
Parece ser que es un negocio boyante por los anuncios que se insertan en prensa, sobre todo la del corazón y en las diversas secciones de anuncios de los periódicos. En general, atractivas señoritas te ofrecen mediante altas y costosas llamadas telefónicas en directo, la adivinación de tu porvenir.
Nada más falso. Sólo Dios – ni siquiera Satanás -, puede conocer el futuro de las personas, pues éstas, dotadas de libre albedrío, no están condicionadas a algo de por sí contingente. El futuro, siempre es por sí mismo contingente, es decir, que puede o no producirse.
La Iglesia Católica tiene una postura clara y generalmente crítica hacia el uso del tarot y otras prácticas de adivinación o esoterismo. Según la doctrina católica, estas prácticas están en conflicto con la fe cristiana, ya que se consideran una forma de buscar conocimiento o poder fuera de Dios.
Fundamento de la postura de la Iglesia
Basado en la Biblia:
La Escritura condena explícitamente la adivinación, el ocultismo y la magia. Algunos pasajes clave incluyen:
Deuteronomio 18:10-12: «No sea hallado en ti quien practique adivinación, ni astrólogo, ni encantador, ni mago […] porque cualquiera que hace estas cosas es abominable para el Señor.»
Levítico 19:31: «No recurran a los que evocan espíritus ni consulten a adivinos; no se contaminen con ellos.»
Catecismo de la Iglesia Católica (CIC):
En el número 2116, el catecismo establece: «Todas las formas de adivinación deben rechazarse: el recurso a Satanás o a los demonios, la evocación de los muertos u otras prácticas que equivocadamente se suponen ‘desvelan’ el porvenir. […] Constituyen un deseo de poder sobre el tiempo, la historia y, finalmente, sobre los demás seres humanos, así como un deseo de granjearse la protección de poderes ocultos.»
La fe y la providencia de Dios:
La Iglesia enseña que confiar en el tarot o en cualquier forma de adivinación es una falta de confianza en la providencia divina y puede abrir puertas al pecado o al engaño espiritual.
Razones específicas de la condena
Peligro espiritual:
La Iglesia advierte que el tarot puede ser una puerta al ocultismo o a la influencia de espíritus malignos. También señala que estas prácticas pueden alejar a las personas de la oración y la confianza en Dios.
Engaño y manipulación:
Desde un punto de vista ético, la Iglesia considera que el tarot a menudo se usa para explotar a personas vulnerables emocionalmente, prometiéndoles respuestas o soluciones rápidas.
Superstición:
El tarot es considerado una forma de superstición, que implica atribuir poderes o significados sobrenaturales a objetos o prácticas que no tienen fundamento en la fe cristiana.
Aunque la Iglesia condena el uso del tarot, también reconoce que muchas personas se acercan a estas prácticas por curiosidad, ignorancia o en busca de respuestas ante problemas personales. Por ello, se anima a los pastores a abordar este tema con sensibilidad, comprensión y caridad, ayudando a las personas a reenfocar su confianza en Dios.
