Tedeum

«Te Deum laudámus» en acción de gracias por el año que termina

Publicado el 31 de diciembre de 2024

Actualizado el 31 de diciembre de 2025

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El “Te Deum laudámus” es uno de los himnos más antiguos y solemnes de la tradición cristiana. Según la tradición, fue compuesto por San Ambrosio de Milán y San Agustín de Hipona en un momento de profunda emoción y alegría espiritual: durante el Bautismo de San Agustín, que tuvo lugar un Sábado Santo, el 24 de abril del año 387. En aquella época, era costumbre que los catecúmenos recibieran una preparación intensa durante la Cuaresma, culminando con la recepción de los tres sacramentos de iniciación cristiana—el Bautismo, la Confirmación y la Sagrada Comunión—durante la Vigilia Pascual.

El “Te Deum” es un canto de alabanza y acción de gracias dirigido a Dios. Su nombre proviene de las palabras iniciales en latín, que significan «A ti, Dios, te alabamos». La Iglesia lo recita como parte del Divino Oficio, concretamente al final de las Maitines, con las mismas rúbricas solemnes que se utilizan para el Glória in excélsis durante la Santa Misa. Este himno, con su lenguaje sublime y su estructura litúrgica, eleva el espíritu de los fieles, invitándolos a unirse a los coros celestiales en la alabanza al Creador.

Además de su uso regular en la Liturgia de las Horas, el “Te Deum” tiene un significado especial en ciertos momentos del año litúrgico y en ocasiones extraordinarias. La Iglesia, en su sabiduría, ha otorgado una indulgencia plenaria a quienes reciten este himno en acción de gracias el día 31 de diciembre, último día del año. Esta práctica, profundamente arraigada en la piedad cristiana, es una oportunidad para expresar gratitud a Dios por las gracias recibidas durante el año que concluye, mientras se pone en sus manos el tiempo venidero.

Gloria

El “Te Deum” no es solo una oración antigua, sino también una invitación a renovar nuestra fe y nuestra confianza en Dios, reconociéndolo como Señor de la historia y de nuestras vidas. Su texto, que alterna la alabanza a la Santísima Trinidad con súplicas de misericordia y redención, sigue siendo un canto profundamente actual, que nos recuerda que toda la creación está llamada a glorificar a Dios.


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Latín

Te Deum laudámus:
Te Dóminum confitémur.
Te ætérnum Patrem,
Omnis terra venerátur.

Tibi omnes Ángeli, tibi cæli,
Et univérsæ potestátes.
Tibi Chérubim et Séraphim
Incessábili voce proclámant:

Sanctus, Sanctus, Sanctus
Dóminus Deus Sábaoth.
Pleni sunt Cœli et terra
Majestátis glóriæ tuæ.

Te gloriósus Apostolórum chorus,
Te Prophetárum laudábilis númerus,
Te Mártirum candidátus laudat exércitus.

Te per orbem terrárum
Sancta confitétur Ecclésia:
Patrem imménsæ majestátis,
Venerádum tuum verum et únicum Fílium:
Sanctum quoque Paráclitum Spíritum.

Tu rex glóriæ, Christe.
Tu Patris sempitérnus es Fílius.
Tu, ad liberándum susceptúrus hóminem,
Non horruísti Vírginis úterum.

Tu, devícto mortis acúleo,
Aperuísti credéntibus regna cœlórum.
Tu ad déxteram Dei
Sedes in glória Patris.

Judex créderis esse ventúrus.
Te ergo quǽsumus,
Tuis fámulis súbveni,
Quos pretióso sánguine redemísti.
Ætérna fac cum Sanctis tuis in glória numerári.

Salvum fac pópulum tuum, Dómine,
Et bénedic hereditáti tuæ.
Et rege eos,
Et extólle illos usque in ætérnum.

Per síngulos dies benedícimus te;
Et laudámus nomen tuum in sǽculum,
Et in sǽculum sǽculi.

Dignáre, Dómine, die isto
Sine peccáto nos custodíre.
Miserére nostri, Dómine,
Miserére nostri.

Fiat misericórdia tua, Dómine, super nos,
Quemádmodum sperávimus in te.
In te, Dómine, sperávi:
Non confúndar in ætérnum.

V. Benedíctus es, Dómine, Deus patrum nostrórum.
R. Et laudábilis, et gloriósus in sǽcula.

V. Benedicámus Patrem et Fílium cum Sancto Spíritu.
R. Laudémus et su­per­exal­témus eum in sǽcula.

V. Benedíctus es, Dómine, in firmaménto cæli.
R. Et laudábilis, et gloriósus, et su­per­exal­tátus in sǽcula.

V. Bénedic, ánima mea, Dómino.
R. Et noli oblivísci omnes re­tri­bu­tiónes ejus.

V. Dómine, exáudi oratiónem meam.
R. Et clamor meus ad te véniat.

[Sacerdótes addunt:
V. Dóminus vobíscum.
R. Et cum spí­ri­tu tuo.]

ORATIO

Deus, cujus misericórdiæ non est númerus, et bonitátis infinítus est thesáurus: ✠ piíssimæ Majestáti tuæ pro collátis donis grátias ágimus, tuam semper cleméntiam exorántes; ut, qui peténtibus postuláta concédis, eósdem non déserens, ad prǽmia futúra dispónas.

Deus, qui corda fidélium Sancti Spíritus il­lus­tra­tióne docuísti, da nobis in eódem Spíritu recta sápere, et de ejus semper con­so­latióne gaudére.

Deus, qui néminem in te sperántem nímium afflígi permíttis, sed pium précibus præstas audítum: pro pos­tu­la­tiónibus nostris, votísque suscéptis grátias ágimus, te piíssime deprecántes; ut a cunctis semper muniámur advérsis. Per Dóminum nostrum Jesum Christum Fílium tuum: qui tecum vivit et regnat in unitáte Spíritus Sancti Deus, per ómnia sǽcula sæculórum. Amen.


Castellano

A ti, oh Dios, te alabamos,
A ti, Señor, te reconocemos.
A ti, eterno Padre,
Te venera toda la creación.

Los Ángeles todos, los cielos
Y todas las Potestades te honran.
Los Querubines y Serafines
Te cantan sin cesar:

Santo, Santo, Santo es el Señor,
Dios de los ejércitos.
Los cielos y la tierra
Están llenos de la majestad de tu gloria.

A ti te ensalza el glorioso coro de los Apóstoles,
La multitud admirable de los Profetas,
El blanco ejército de los Mártires.

A ti la Iglesia santa,
Extendida por toda la tierra, te aclama:
Padre de inmensa majestad,
Hijo único y verdadero, digno de adoración,
Espíritu Santo, defensor.

Tú eres el Rey de la gloria, oh Cristo.
Tú eres el Hijo único del Padre.
Tú, para liberar al hombre,
Aceptaste la condición humana sin desdeñar el seno de la Virgen.

Tú, rotas las cadenas de la muerte,
Abriste a los creyentes el Reino de los Cielos.
Tú estás sentado a la derecha de Dios
En la gloria del Padre.

Creemos que un día has de venir como juez.
Te rogamos, pues, que vengas en ayuda de tus siervos,
A quienes redimiste con tu preciosa Sangre.
Haz que en la gloria eterna
Nos asociemos a tus santos.

Salva a tu pueblo, Señor,
Y bendice tu heredad.
Sé su pastor
Y ensálzalo eternamente.

Día tras día te bendecimos
Y alabamos tu nombre para siempre,
Por eternidad de eternidades.

Dígnate, Señor, en este día
Guardarnos del pecado.
Ten piedad de nosotros, Señor,
Ten piedad de nosotros.

Que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros,
Como lo esperamos de ti.
En ti, Señor, confié,
No me veré defraudado para siempre.

V. Bendito seas, Señor, Dios de nuestros padres.
R. Y alabado y glorificado por siempre jamás.

V. Bendigamos al Padre, al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. Alabémosle y exaltémoslo por siempre jamás.

V. Bendito seas, Señor, en el firmamento del Cielo
R. Y alabado, glorificado y exaltado por siempre jamás.

V. Bendice, alma mía, al Señor.
R. Y no olvides todos sus beneficios

V. Señor, escucha mi oración
R. Y mi clamor llegue hacia ti.

[Los Sacerdotes agregan:
V. El Señor sea con vosotros.
R. Y con tu espí­ri­tu.]

ORACIÓN

Oh Dios, cuya misericordia no tiene número, y los tesoros de tu bondad son infinitos: ✠ damos gracias a tu piadosísima Majestad por los dones recibidos, rogando siempre a tu clemencia que, pues concedes lo pedido en la oración, no nos desampares, sino que nos hagas dignos de los premios futuros.

Oh Dios, que has instruido los corazones de los fieles con la luz del Espíritu Santo, concédenos por el mismo Espíritu conocer las cosas rectas y gozar siempre de sus divinos consuelos.

Oh Dios, que no permites sea afligido en demasía cualquiera que en Ti espera, sino que atiendes piadoso a nuestras súplicas: te damos gracias por haber aceptado nuestras peticiones y votos, suplicándote piadosísimamente que merezcamos vernos libres de toda adversidad. Por nuestro Señor Jesucristo tu Hijo, que contigo vive y reina en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos. Amén.

Cordero de Dios

Colofón
Y si al lector este trabajo le ha podido ayudar, le rogamos un Avemaría por nuestras almas rezar.