Tercer Domingo de Pascua


Las epístolas que leemos durante este tiempo Pascual se toman ordinariamente, no del Apóstol San Pablo, sino de los otros Apóstoles. San Pablo no fue llamado al apostolado sino después de la venida del Espíritu Santo. San Pedro nos advierte en la epístola, que no debemos tener el corazón pegado a las cosas de la tierra  que olvidemos la del cielo. Allá hemos de ir y allá veremos a Dios.

Epístola.

(Del Libro del Profeta Ezequiel, I: 10-14):

Aquí está la apariencia de cada uno de los cuatro seres vivientes: Sus caras tenían esta forma: cara de hombre por delante, tenían también, cada uno de los cuatro, cara de león, a la derecha; cara de toro, a la izquierda; y cara de águila atrás. Sus caras y sus alas se extendían hacia arriba; cada cual tenía dos alas, que se juntaban con las del otro, y dos cubrían su cuerpo. Y caminaba, cada cual, cara adelante; a donde los llevaba el espíritu allí andaban; no mudaban de frente al caminar. Estos animales tenían el aspecto de ascuas encendidas, semejantes a antorchas que como fuego resplandeciente discurrían por en medio de esos seres vivientes; y del fuego salían relámpagos. Y los seres vivientes corrían y volvían cual fulgor de relámpago.

Evangelio

(Del Santo Evangelio según San Lucas, X: 1-9):

Después de esto, el Señor designó todavía otros setenta y dos, y los envió de dos en dos delante de Él a toda ciudad o lugar, adonde Él mismo quería ir. Y les dijo: “La mies es grande, y los obreros son pocos. Rogad, pues, al Dueño de la mies que envíe obreros a su mies. Id: os envío como corderos entre lobos. No llevéis ni bolsa, ni alforja, ni calzado, ni saludéis a nadie por el camino. En toda casa donde entréis, decid primero: «Paz a esta casa.» Y si hay allí un hijo de paz, reposará sobre él la paz vuestra; si no, volverá a vosotros. Permaneced en la misma casa, comiendo y bebiendo lo que os den, porque el obrero es acreedor a su salario. No paséis de casa en casa. Y en toda ciudad en donde entréis y os reciban, comed lo que os pusieren delante. Curad los enfermos que haya en ella, y decidles: «El reino de Dios está cerca de vosotros.»

 

Evangelio del III Domingo de Pascua

(Del Santo Evangelio según Juan, XVI: 16-22): En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos: Un poco de tiempo y ya no me veréis: y de nuevo un poco, y me volveréis a ver, porque me voy al Padre. Entonces algunos de sus discípulos se dijeron unos a otros: ¿Qué es esto que nos dice: Un poco, y ya no me veréis; y de nuevo un poco, y me volveréis a ver y: Me voy al Padre? Y decían: ¿Qué es este poco de que habla? No sabemos lo que quiere decir. Mas Jesús conoció que tenían deseo de interrogarlo, y les dijo: Os preguntáis entre vosotros qué significa lo que acabo de decir: Un poco, y ya no me veréis, y de nuevo un poco, y me volveréis a ver.

En verdad, en verdad os digo, vosotros vais a llorar y gemir, mientras que el mundo se va a regocijar. Estaréis contristados, pero vuestra tristeza se convertirá en gozo. La mujer, en el momento de dar a luz, tiene tristeza, porque su hora ha llegado; pero cuando su hijo ha nacido, no se acuerda más de su dolor, por el gozo de que ha nacido un hombre al mundo. Así también vosotros tenéis ahora tristeza, pero Yo volveré a veros, y entonces vuestro corazón se alegrará y nadie os podrá quitar vuestro gozo.