La doctrina católica, nos enseña que el primer deber de la caridad, no está en la tolerancia de las opiniones erróneas, por muy sinceras que estas sean, ni mucho menos en la indiferencia teórica o práctica ante el error o el vicio en el que vemos caídos a nuestros hermanos, sino, en el celo por su mejoramiento intelectual y moral, no menos que en el celo por su bienestar material. Esta misma doctrina católica, nos enseña también, que la fuente del amor al prójimo se haya en el amor de Dios, Padre común y fin de toda la familia humana, y en el amor de Jesucristo, cuyos miembros somos, hasta el punto de que aliviar a un desgraciado, es hacer un bien al mismo Jesucristo. Todo otro amor, es ilusión o sentimiento estéril y pasajero.
San Pio X. Carta Encíclica Notre Charge Apostolique. 15 de agosto de 1910.
