Una Navidad distinta


Tres son los peligros que acechan la celebración de las fiestas navideñas y que desvirtúan el genuino significado y sentido de las mismas. A saber: la rutina, la superficialidad y el consumismo. Implican por igual a toda clase de personas: creyentes e no creyentes, ricos y pobres, cultos e ignorantes… Para muchos, afectados por estos «virus», las celebraciones navideñas pueden convertirse en días casi insoportables.

El incidir, año tras año, en los mismos ritos, costumbres y compromisos de tipo social, familiar o religioso, pueden resultar a veces, atosigantes, estomagantes y de mal sabor de boca. Si además, todo  está aderezado con prisas, gastos inútiles, e insatisfacción personal, nos podemos sentir víctimas propicias de la fiebre consumista, que le deja a uno extenuado y para el arrastre…

Al alcance de cada uno está el remedio para combatir estos virus y poder gozar de las genuinas alegrías y satisfacciones que, también para muchos, encierran estas conmemoraciones entrañables. No se trata de oírlo o leerlo, sino de hacer un esfuerzo y probar su resultado. Como todo remedio, pueden parecer amargos, inútiles o rechazables, pero tienen la garantía de su eficacia. He aquí, sin afán exhaustivo, algunos, que podríamos denominar remedios contra-corriente:

– Buscar algún momento de silencio y soledad ,apagando el televisor y toda clase de ruidos.

– Leer algún buen libro alusivo al misterio de la Navidad (Evangelios, Vida de Jesucristo, algún clásico etc).

– Hacer algún rato de oración .

– Visitar a alguna persona enferma, anciana, sola o necesitada.

– Confesar y comulgar.

– Participar en alguna celebración religiosa, Misa del gallo, por ejemplo, en algún monasterio o parroquia.

– Buscar un rato de conversación íntima con algún familiar o amigo.

– Dar alguna limosna a persona o institución necesitada….

Cada uno puede añadir algo que le diferencie de la masa consumista y materialista que le rodea

¡MERECERÁ LA PENA Y TU NAVIDAD SERÁ DISTINTA!

Proyecto Emaús