Una visita provechosa


El Reverendo Padre Huguet, celoso propagandista de las glorias de San José, trae en su Mes de Marzo la siguiente carta:

N… 1º de febrero de 1867.

Mi Rvdo. Padre: Tengo el gusto de poner en conocimiento de V. R. un hecho notable sobre la protección poderosa de San José, hecho del que yo mismo he sido testigo presencial.

El lunes último, 28 de enero, la Rvda. Madre Superiora subió al taller y comunicó a nuestros 15 huérfanos la necesidad apremiante de fondos en que estaba la casa, y los invitó a implorar el amparo de San José para obtener de él unos mil francos que eran menester para cubrir los gastos.

Con esto empezaron todos sus plegarias, y la comunidad dio comienzo a una novena. Al otro día, 29 de enero, una Hermana encontró en un corredor de la casa a una buena mujer, a la cual preguntó: — ¿Qué se le ofrecía a usted?

— ¿La señora Superiora?, respondió la visitante.

— Señora, no está en casa; pero, si usted tiene apuro, aquí estoy yo para suplirla.

— Muy bien, respondió la desconocida, muy bien; tome usted este encargo, y haga el favor de entregárselo.

Y al decir esto le dio una mala caja de cartón bien cerradita.

— ¿Y de parte de quién, señora?

— Esto poco importa, Hermana; quede usted con Dios.

Así dijo la desconocida, y desapareció. Al momento que llegó la Superiora, le llevaron la cajita, que ella recibió emocionada sin advertirlo; abrióla y encontró en ella un billete de mil francos.

Estaba cerca la capilla, y la Superiora, sin fuerzas para más, se fue a ella, y cayendo de rodillas, prorrumpió en llanto, dando gracias a Dios que de una manera tan conmovedora y notable había manifestado el poder y protección de San José.

Luego subió a mi aposento la Superiora, y sin decirme una palabra, me presentó una carta abierta que estaba junto con el billete de mil francos.

En ella se leía: «Conociendo vuestras grandes necesidades, os envío en nombre de San José mil francos. En cambio os suplico hagáis durante un año una novena cada mes, rogando por la santificación de una familia numerosa, y por la conversión de su cabeza». Seguían las iniciales de una firma desconocida.

Como V.R. puede figurarse, todos hemos quedado impresionados vivamente por este suceso, y el miércoles por la mañana yo celebré el santo sacrificio de la misa en hacimiento de gracias.

Nadie absolutamente, a excepción de la Superiora, Hermanas y huérfanos, tenía conocimiento de la novena que se había principiado para remedio de la apremiante necesidad. Además, como esta casa está a media legua de la ciudad y lejos de vecinos que la frecuenten, nadie pudo naturalmente saber lo que se pretendía alcanzar del valimiento de San José.

Otra circunstancia curiosa, digna de notarse, es que habiendo la Superiora en un principio resuelto pedir al Santo sólo quinientos francos, después, pensándolo mejor, se dijo para sí: «A San José lo mismo le da otorgarnos quinientos que mil; pues pidamos mil, que no vendrán mal».

Con esta generosidad se porta el santo Patriarca con los que le obsequian y en él confían.

Suyo, N. N

 

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