Una breve reflexión sobre la confianza en Dios para los tiempos en los que vivimos.
La frase «Y reinará a pesar de sus enemigos» ha resonado profundamente en el corazón de generaciones de fieles Católicos, quienes a lo largo de la historia, han pagado con su propia sangre, la fidelidad al Divino Cordero. Son interminables los ejemplos a los que bien podríamos referirnos a continuación, pero no sin peligro de olvidar o dejar de lado, los gloriosos sacrificios de multitud de anónimos “corderitos”, cuyas vidas han pasado de este mundo, desconocidas para la historia del hombre, mas no para Nuestro Señor.
Que baste solamente con citarlos de esta manera: Saludamos a todos aquellos que en nuestros días entregan y han entregado sus vidas para que Cristo reine. Por que, su amor a Cristo y su amor por la verdad (por querer que Cristo reine), los colocó en abierta oposición a aquellos que no quieren que reine Cristo, sino que por el contrario, propugnan y ponen todos sus trabajos y fatigas para que reine el “otro”.
Aunque el mundo moderno presente desafíos constantes y aunque seamos testigos a diario de las aparentes y temporales victorias del diablo, de sus hijos aquí en la tierra y de todos aquellos que propugnan la venida “del otro”, debemos recordar, la promesa de Cristo, quien es justo y veraz: “Yo soy Rey y para reinar he venido a este mundo”. Sus palabras son claras y firmes: Su Reino, finalmente prevalecerá.
«Aunque los enemigos de Cristo se multipliquen y sus sombras parezcan cubrir toda la tierra, el corazón que confía en Cristo sabe que su Reino no será derrotado. ‘Y reinará a pesar de sus enemigos’ no es solo una frase devocional: es la certeza grabada en el alma del fiel que ha entendido que el dolor, la prueba y la persecución no son el final, sino el camino hacia la victoria final: Hoy, como ayer, el Cordero triunfará.»
Esta afirmación; “y reinara a pesar de sus enemigos”, tan estrechamante vinculada a la devoción al Sagrado Corazón de Jesús y a la festividad de Cristo Rey, enfatiza la certeza, que el católico debe tener del triunfo divino. Desde sus raíces bíblicas, como las promesas mesiánicas en los Salmos, hasta su expresión en diversas devociones populares, esta frase ha fortalecido a generaciones de fieles, animándolos a permanecer firmes en la fe, a pesar de los terribles de las circunstancias en las que les ha tocado vivir.
Hoy en día según el portal web especializado Puertas Abiertas, 1 de cada 7 cristianos en el mundo, padece altos niveles de persecución y de discriminación.
Todo creyente enfrenta a diario, diversas «batallas» espirituales: tentaciones, desánimos, dudas y adicionalmente, conflictos internos o externos y situaciones que ponen a prueba nuestra fe. Estas vienen muchas veces de los enemigos del reinado de Cristo, contra los que debemos mantenernos firmes. A pesar de esto, Dios nos recuerda constantemente que su presencia y gracia están siempre a nuestro alcance.
La esperanza cristiana se basa en la certeza absoluta del triunfo final del bien sobre el mal, una promesa asegurada por la victoria de Cristo en la cruz y su resurrección gloriosa. Santos y mártires de todas las épocas han vivido esta certeza, ofreciendo ejemplos concretos de cómo confiar plenamente en el triunfo del Reino de Dios, incluso en circunstancias aparentemente desesperadas o imposibles para los ojos mundanos.
Estamos pues, llamados a cultivar la virtud de la paciencia, recordando que los tiempos de Dios son perfectos, aunque no siempre coincidan con los nuestros.
Finalmente, recordemos siempre que nuestra fe no está puesta en las cosas de este mundo ni mucho menos en circunstancias cambiantes, sino en la promesa eterna de Dios: «Y reinará a pesar de sus enemigos«. Que esta certeza inspire nuestra vida diaria, animándonos a vivir sabiendo que Dios es fiel, justo y veraz y que, al final, el será el único Rey de reyes y Señor de señores. Sed fuertes, no temáis, mirad a vuestro Dios que trae el desquite, viene en persona y os salvará, aleluya.
